martes, 30 de octubre de 2018

FROMISTA Y VILLASIRGA


San Martín de Frómista

A las preguntas de cómo y por qué se ha conservado tan puro el románico en el norte de Palencia contestó el juglar de Aguilar. Resulta que en el alto páramo castellano, en la que podría ser llamada aun irónicamente Tierra de campos, no hay demasiado que cosechar. Es más bien pobre. Tierra sometida a inviernos duros, fríos. Los pueblos no crecían, y por tanto no había motivo para ensanchar las iglesias, ni había necesidad ni medios para hacerlas más grandes con los nuevos estilos arquitectónicos.

San Martín de Frómista es el ejemplo perfecto. En Frómista me pilló mi señora los dedos con la puerta del carruaje. Fue sin querer. Creí que me los había fracturado. Acudí gimiendo a un peregrino del camino de Santiago, o mejor será decir que cuando él me vio llorar dando además grandes gritos de dolor se apiadó de mí. Luengas barbas y un garrote nudoso portaba el caminante. Me preguntó si había perdonado a mi dama. Contesté que sí, que mi señora no habíase dado cuenta de que mis dedos estaban donde figurar no debían, en el listón donde cierra la puerta del carruaje. El peregrino me condujo a un su amigo y este, al parecer boticario, me regaló un ungüento que me apliqué enseguida. Apenas me extendí la pomada por la zona machacada el dolor desapareció, también la hinchazón cedió y seguimos el viaje como si nada sucediere (se perdió ese futuro imperfecto).

Exterior de los tres ábsides semicirculares 

Pero volviendo a San Martín..., esa joya es de influencia francesa (San Martin de Tours), pero de estética castellana. Resulta difícil imaginársela superviviente de un monasterio fundado por doña Mayor o doña Elvira (Muña, para los amigos), viuda de Sancho el Mayor rey de Navarra, cuyo hijo heredaría el entonces condado de Castilla.

Capiteles primorosamente labrados de San Martín de Frómista

Planta en cruz de tres naves con crucero y tres ábsides semicirculares. Solidez, belleza, simplicidad. Un espíritu cristiano sencillo donde renace lo romano del cenicero bárbaro. Proporciones humanas para comunidades reducidas en las que todo el mundo se conoce porque el horizonte del mundo está próximo, aunque siempre se aleja, todos los días es horizonte familiar y está sometido al ritmo de las estaciones a las rutinas del campo. Un tiempo circular donde apenas se corre hacia el estresante abismo del estresante progreso.

Detalle de los ábsides de San Martín

Es la época de la segunda reforma del monaquismo medieval, el movimiento cluniacense irradia desde la abadía de Cluny fundada en 910 por Guillermo, duque de Aquitania, orden que, inspirada en la Reglas de San Benito, impone una estricta disciplina bajo la autoridad del papa y del abad, ignorando si puede a la bárbara y violenta nobleza circundante. Doscientos monasterios formarán una red de espiritualidad y poder, o contrapoder. Otras propuestas harán los camaldulenses (1012, Romualdo de Rávena), otras los cartujos (1084, Bruno de Colonia). 

San Martín se construyó en la segunda mitad del XII, y justo en 1098 funda la orden cisterciense el abad Roberte de Molesme, que muere en 1100. En 1112, Bernardo, todavía no santo, profesa en Citeaux y en 1115 funda la abadía de Clairvaux, Clara vallis, Claraval, de la que será primer abad. Su carisma renovará el mundo.

Era la época en que la profetisa teutónica Hildegarda de Bingen entablaba por carta sendos diálogos silenciosos, diferidos y breves, con el Doctor Melifluo y el Papa cisterciense.


San Martín de Frómista

Cuenta la juglaresa que en un alarde de generosidad la reina Urraca, bisnieta de doña Mayor (Muña, para los amigos) donó el monasterio familiar de Frómista al priorato cluniacense de San Zoilo de Carrión de los Condes. Fue entonces cuando se levantó la iglesia con torre (luego los benedictinos del Císter serán tan humildes que incluso eliminarán la torre de sus iglesias). Pero ésta acabará siendo iglesia fortaleza tras el conflicto entre los nobles locales y el priorato, templo, sí, pero también alcázar y atalaya.



Por fuera, más de trescientos canecillos orlan los aleros y tejadillos, trabajados muy laboriosamente como los capiteles del interior (firmados R), con figuras fantásticas de historias sagradas. 

Cuenta la juglaresa que algo se hubiera conservado del antiguo monasterio del XI si hubiese tenido como otros alguna reliquia de prestigio. Como Sahagún, que conservó las de los mártires Facundo y Primitivo. O Dueñas, que atesoraba las reliquias del mártir alejandrino Isidoro de Quíos (+ 251), reliquias exóticas tal vez traídas de Oriente por un cruzado. Otra hubiera sido también la suerte del antiguo monasterio si doña Muña o Elvira hubiera reposado aquí per aeternum sus restos mortales, como era común que hiciera la noble fundadora.



Muy cerca, en Villalcázar de Sirga o, simplemente, en Villasirga, hallará el viajero un antiguo establo reconvertido en mesón donde poder degustar un extraordinario lechazo o consolarse con unos pichones chupándose los dedos. El vino de la casa, muy aceptable. Igual que la simpatía de su patrón.



La iglesia de Villasirga se llama Santa María la Blanca y fue construida por los templarios a fines del XII, en la transición del románico al gótico, pero será terminada en el XIV. Cuentan que Alfonso X el Sabio (Toledo 1221- Sevilla 1284), hijo de Fernando III el Santo, compuso sus Cantigas en galaico-portugués, lengua lírica por excelencia, inspirado en una de las imágenes que en el templo se custodian.

Cantiga Primera

Hurgando en mi biblioteca, me encuentro con una preciosa edición de las Cantigas de Santa María, una edición del Patrimonio Nacional de 1987 que compré en Tordesillas en agosto de 1987 con un estudio preliminar de Matilde López Serrano. En la ilustración de la cantiga primera (supra) entre arquerías góticas, el Rey Alfonso el Sabio ("emperador de la cultura" se la ha llamado) con un libro abierto sobre una mesa dicta su versos a dos mancebos. En el último arco a la derecha del rey hay tres músicos con sus vihuelas; en el de la izquierda cuatro cantores. En esta cantiga, el Rey Sabio (al que sin embargo en política no le fue tan bien como en literatura) se declara trovador de la Virgen y refiere los Siete Gozos de la Madre de Dios. 

En el siglo XIII se afianza el poder real frente a la nobleza levantisca y empiezan a cuajar las nuevas nacionalidades. Se exclaustra la cultura y nacen las universidades y se consolidan las lenguas romances y sus literaturas genuinas. En España, Alfonso VIII fundará la más antigua de las universidades o escuelas de "Estudios generales", que es precisamente la palentina, que rivalizará luego con la de Salamanca, creada por Alfonso IX. Fernando III fusionará las Universidades de Salamanca y Palencia y convertirá la lengua castellana en la oficial de su Reino.

Durante el XII y el XIII la Escuela de Traductores de Toledo (Toledo cae en manos cristianas en 1085) hará de lazo de unión entre las tres culturas que conviven y contienden en Castilla: latino-cristiana, árabe y hebrea. Allí Juan Hispano, un judío converso, traduce Aristóteles al castellano.



Santa María la Blanca de Villasirga


En la fachada meridional de Santa María la Blanca está la actual entrada a la iglesia bajo un pórtico inacabado. La puerta de entrada consta decinco arquivoltas decoradas con ángeles, santas, santos, clérigos y músicos.

Entrada a Santa María la Blanca


Son muy interesantes los frisos superiores. Sendas galerías ciegas con arcos lobulados que enmarcan las figuras con la Maternidad de María, la adoración de los Reyes, San José y la Anunciación que destaca por la finura de su ángel. En el friso superior, el Pantocrátor rodeado de los símbolos de los evangelistas y el apostolado.




Fin de la Cantiga 10 de Alfonso X el Sabio. Rosa das rosas


Esta dona que tenno por Sennore de que quero seer trobador,
se eu per ren poss' aver seu amor,
dou ao demo os outros amores.
Rosa das rosas e Fror das frores,
Dona das donas, Sennor das sennores.


Traducción al castellano: 

De esta dama que tengo por señora
y de la que quiero ser trovador,
si no logro por nada su amor,
doy al diablo los demás amores.
Rosa de las rosas, flor de las flores,
dueña de las dueñas, Señora de las señoras.



Una versión musical de la cantiga:

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