domingo, 31 de diciembre de 2017

Estepa, el pueblo de la Navidad

Este año, como si de la lotería se tratase, me llamaron por primera vez de interina. En la llamada me dijeron que no me preocupara por cambiar de vida, que Estepa estaba justo en el medio de Andalucía, cerca de todo y que iba a estar muy a gusto. Yo, no muy convencida, acepté y al día siguiente fui a visitarla. Mi primera foto, desde lo bajo del instituto donde iba a trabajar, fue esta:


Un 7 de Noviembre me recibió cual sol cegador y  cielo azul, el instituto está justo en todo lo alto del monte Becerrero, o "el cerro" como lo llaman allí. Me hizo gracia ya que yo vengo de los cerros de Úbeda. Lo primero que me llamó la atención fueron las cuestas, ya avisada por un alumno al que acababa de abandonar en Granada, sin embargo, nunca imaginé que mi coche iba a tener problemas para subirlas. Aunque no fue ésta la que más me sorprendió (no quiero volver más a ella), les dejo una imagen para que se hagan una idea.

Me lo tomé a reto para modelar mi figura, y todos los días que la subo intento que la cuesta no me baje el ritmo. La verdad es que en esta ciudad no hace falta pagar si lo que se quiere es tener unos buenos glúteos, abdomen y piernas.

Por otro lado, el nombre de Estepa me sonaba familiar, pero no fue hasta que no olí la canela, almendra e ingredientes varios cuando lo asocié con los polvorones y los mantecados, y es que, este es el pueblo donde la Navidad se fabrica en forma de dulce. Las máquinas están en funcionamiento desde las 6 de la mañana (me despertaron el primer día) hasta entrada la noche. Lo mejor de vivir en Estepa en estos meses es poder degustar todo lo que allí se fabrica, de manera gratuita, mientras estepeñas agradables te explican tus dudas acerca de lo que estás probando. Yo, que no soy muy de polvorones, mantecados y mazapanes probé las milhojas de chocolate y otras chocalatadas que me supieron demasiado bien. No dudé en traerme a mi tierra.

Por lo que he oído, puedes elegir entre veintidós fábricas distintas, no lo investigué, que me perdonen los estepeños, pero ya sólo una era una perdición de tarde. La más famosa, que no me paga por hacerle publicidad, tiene toda una ciudad de chocolate montada, otras ofertan talleres para enseñar a hacer la masa a los más pequeños. Antiguamente, todo se hacía a mano, como podéis ver en la recreación.















En la imagen de la derecha se puede ver la entrada tan iluminada y cuidada de la fábrica. A decir verdad, todo el pueblo está cuidado, sus calles son señoriales, con mármol blanco y muy limpias. Aunque cuando hablas con su gente no sabes si estás en Málaga, Córdoba o Sevilla; no pierden la elegancia de lo sevillano y si vienes desde su capital, puedes ver el monte con sus casas bien blancas que te la hacen recordar. 

Por supuesto, las luces de navidad son las primeras en encenderse, me atrevo a decir, de toda España. Es realmente el pueblo de la Navidad de donde se exporta tanta cultura gastronómica y de temporada al resto del país. Espero no decepcionarme en los siguientes meses, aunque todavía me falta por explorar el punto más alto, que se ve desde el patio del instituto y del cual dejo fotos. Desde donde fueron tomadas, el aire es puro, se escuchan ovejas y se ven caballos, exceptuando el ruido de los recreos, ¡esto sí que es calidad laboral!

¡Feliz año 2018!





2 comentarios:

José Biedma dijo...

¡Bravo!

Luisa Maria dijo...

¡Vaya mi nena escribiendo!
Los cuatro primeros años dede su vida sin salir del ta, te, ti...y de mayorse expesa como los ángeles