jueves, 27 de agosto de 2015

POR TIERRAS DE BRETAÑA Y NORMANDÍA (I). De París a Bretaña

Comenzamos el viaje al sur de París, en la Puerta de Orleans, que en tiempos fue una de las 17 vías de acceso a la vieja ciudad amurallada. El lugar es célebre por ser el punto que el general Leclerc escogió para iniciar la liberación de París el 24 de agosto de 1944, hace 71 años, tras el desembarco de Normandía. Algo menos conocido es que en la gesta participó una Brigada de republicanos españoles, la Novena, comandada por el teniente Amando Granell. 

Sus miembros fueron los primeros en avanzar por las calles de la capital del Sena, en medio de los vítores de los parisinos. El régimen franquista, por razones obvias, silenció este episodio que tanto honraba a sus enemigos políticos. Al final del viaje tendremos ocasión de volver a hablar de grandes ejemplos de coraje y valentía de que dieron  muestra hombres y mujeres de todas partes del mundo durante la Segunda Guerra Mundial.
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La primera etapa es Chartres, en la Isla de Francia. En el siglo XII, el abad Suger de Saint Denis sentó las bases de la revolución del gótico que cambió completamente la faz de Europa, en cuya trayectoria la Ccatedral de Chartres fue un jalón fundamental. La historia de cómo adquirió su forma actual  la catedral de la Asunción de Nuestra Señora es realmente asombrosa. Se eleva sobre el mismo lugar en que posiblemente existió un altar druídico, erigido por el pueblo celta de los carnutes en honor de la diosa madre y que luego, con la habitual apropiación del espacio sacro del enemigo derrotado, se dedicó al culto mariano. La primitiva iglesia, que había sido construida en el siglo IV, pronto se convirtió en un importante centro de peregrinaciones. Resultó destruida en el siglo VIII  por el saqueo de los visigodos. El siguiente templo fue objeto del ataque de los normandos en el siglo IX y, en el siglo X, sufrió graves daños durante las guerras entre la nobleza, para finalmente perecer en un incendio a principios del siglo XI. Fue entonces cuando el obispo Fulberto ordenó que se erigiera una nueva catedral.

 Aunque el estilo dominante en la época todavía era el románico, lo cierto es que ya entonces estaba muy evolucionado. Junto con monstruos que advierten de los horribles castigos del infierno, podemos contemplar  la majestuosa serenidad de los rostros de los personajes del Antiguo Testamento en el Pórtico Real. 

En las arquivoltas se encuentran representados los doce signos del zodiaco y, correlativamente, las labores del campo correspondientes a cada uno de los doce meses del año. El teólogo Fulberto debió de ser una figura muy interesante y carismática: era ferviente seguidor de las doctrinas de Platón y Pitágoras y creó en Chartres una activa escuela a la que acudieron estudiantes de toda Europa.

En 1194 un rayo desató un incendió que consumió enteramente la ciudad, incluyendo gran parte de la catedral, si bien se salvó milagrosamente la reliquia de la Santa Camisa- la túnica de la Virgen traída de Tierra Santa, que había donado al templo Carlos el Calvo en el año 876-, gracias a que se conservaba en la cripta. Ello se interpretó como un signo de la voluntad divina de que la catedral debía reconstruirse con el máximo esplendor. La nueva basílica se consagró en el año 1260 en presencia del rey Luis IX el Santo. Entre las modificaciones más destacadas respecto a la estructura precedente se cuenta un espectacular rosetón, que inunda de luz y color el templo, por analogía a cómo los dones del Espíritu Santo se derraman sobre los fieles.

Tras el devastador incendio, la catedral románica había conservado solo una de sus torres. Mide 106 metros de altura y, con el fin de superarla, en el siglo XV se levantó otra con 115 metros, en estilo gótico flamígero. Esa falta de simetría  entre las torres otorga a la fachada un aspecto muy moderno y atractivo. El interior del templo, no obstante, conserva elementos místicos que lo anclan al medievo. Uno de ellos es el vitral de San Apolinar, dispuesto para que en el solsticio de verano, el día 21 de junio, un rayo de sol despliegue un efecto sorprendente sobre el suelo de la catedral. Un “milagro” de luz que muchos milenios atrás ya ocurría en los templos de la cultura megalítica ante nuestros ancestros, adoradores solares.


Otro elemento esotérico fundamental es el famoso laberinto que, lamentablemente, no pudimos contemplar, al encontrarse la catedral en obras de restauración, entre las que se incluye rescatar la policromía de las paredes interiores. Con 16 metros de diámetro, está compuesto de 11 círculos concéntricos que se despliegan en 264 metros de recorrido. Macrocosmos y microcosmos se dan la mano en estas figuras geométricas que remiten a dibujos mucho más antiguos, los que pueden verse en los petroglifos celtas.
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Nuestro segundo destino es Le Mans, en el País del Loira. Aunque sea principalmente conocida por su circuito automovilístico, donde se celebra la emocionante y peligrosa carrera de resistencia de las 24 horas cada junio, la ciudad ya vivió tiempos de esplendor en el siglo XIII.

 Su casco histórico es uno de los más bellos y mejor conservados de la región. De su poder en aquella época son muestra los numerosos palacios y las casas con el vistoso entramado exterior, un gozo para la vista del viajero cansado del aburrido cemento y ladrillo de las ciudades postindustriales. Gracias a su aire renacentista tan homogéneo, la ciudad ha sido escogida para rodar localizaciones de películas de época como Cyrano o La máscara de  hierro.

Las originales murallas que rodean la Ciudad Plantagenet, bellamente ornamentadas con motivos geométricos y florales, son mucho más antiguas. Pertenecieron a la ciudad galo-romana de Vindunum, como entonces se llamaba Le Mans, y se remontan al siglo III. 

En su día contaban con 26 torres adosadas para su defensa, de las cuales hoy solo se conservan 11 a lo largo de un recorrido de 1300 metros.Por la noche cuentan con una sugerente iluminación.


La catedral de San Julián, su primer obispo, es una de las más grandes de Francia y comparable en importancia artística a las de Chartres o Reims aunque menos conocida. Comenzó su construcción en el siglo XI, si bien no pudo finalizarse hasta el siglo XV, lo que hace que exhiba tanto rasgos románicos como góticos, a medida que algunas de las estructuras más antiguas se fueron renovando. La catedral muestra en su parte posterior un prodigioso encaje de arbotantes. Al caer el sol pudimos disfrutar de un inolvidable espectáculo de luces y sonido, La noche de las quimeras, proyectado sobre esa maravilla gótica.


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Partimos para Angers, otra preciosa ciudad perteneciente a los Países del Loira cargada de historia a sus espaldas. De origen galo-romano, fue la antigua capital de Anjou y está catalogada como Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad conserva las espectaculares murallas del castillo fortificado. Fue construido sobre el río Maine en el siglo XIII por orden de la reina Blanca de Castilla, madre de San  Luis IX, y se encuentra jalonado con 17 sólidas torres circulares. En los siglos posteriores los duques Luis I y Luis II de Anjou, así como el rey Renato el Bueno, llevaron en este castillo una vida de lujos cortesanos.


En el interior se exhibe hoy en día un verdadero prodigio, el Tapiz del Apocalipsis. La Teinture de 
L´Apocalipse se confeccionó en el siglo XIV por encargo del duque Luis I. Su extensión original era de 130 metros de longitud y 6 metros de altura, repartidos en 6 grandiosos tapices. En el siglo XVIII  trozos de aquella maravilla, entonces pasada de moda e inservible, sufrieron grandes daños al ser destinados a los fines más bajos. A pesar de ello lograron conservarse diversas partes que cubren una extensión de 101 metros de largo y 4.5 de alto. Es el más largo y antiguo de los que  existen en el mundo. No hay palabras para describir la originalidad con que los artistas que en solo siete años lo elaboraron, siguiendo los dibujos de Jean de Bruges, intentaron describir las visiones apocalípticas de San Juan en el Libro de las Revelaciones. Eran analogías de las grandes catástrofes que, para la vida de las gentes de aquella época, representaron las hambrunas, la peste y la Guerra de los 100 Años (1337-1453), que enfrentó a Francia e Inglaterra por la posesión de las tierras francesas.

Como técnica narrativa a veces recurrieron a inventos que nos parecen tan modernos como el cómic. De hecho, la palabra “cartón”, que alude al soporte con el dibujo que servía de base para tejer los tapices, es el precedente del término “dibujos animados”, como podemos comprobar si nos fijamos en la palabra inglesa “cartoon”.

En Angers tuvimos la oportunidad igualmente de visitar la catedral, dedicada a San Mauricio en el siglo XI y en la se dan cita sin estridencias el Gótico y el Renacimiento.

En la misma plaza de la Sainte-Croix nos sorprendió la  Maison d´ Adam, una esbelta casa renacentista de fachada cubierta de entramados y de enigmáticas figuras talladas en las vigas de madera. Es la más excepcional de las cuarenta casas en pan-de-bois (en soporte de madera) que conserva Angers. Toma su nombre de la pareja de Adán y Eva esculpidos junto al Árbol de la Vida, pero cuenta también con decoración vegetal y fantástica, como centauros, grifos y quimeras.


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 Avanzando por la región llegamos a Nantes, la antigua Naoed. Es la capital del Loira atlántico. Su nombre está vinculado al Edicto de 1598, por el cual el buen rey Enrique IV puso fin a las guerras de religión que ensangrentaron Francia durante tantos años.
Estatua dedicada a Ana de Bretaña en Nantes
Visitamos el castillo de los duques de Bretaña. Allí conocimos  la historia de un personaje omnipresente en la región, Ana de Bretaña, símbolo de la independencia bretona. Fue hija del rey Francisco II, cuya inteligente divisa era “Il n´est trésor que de liesse”(no hay tesoro como la alegría). Ana fue reina entre 1491 y 1514 gracias a sus sucesivos matrimonios con Carlos VIII y Luis XII. En los contratos nupciales la inteligente duquesa se aseguró de garantizar la soberanía de su amada Bretaña. Falleció en 1514 a los 37 años. Su hija Claudia, uno de los once vástagos que tuvo, contrajo nupcias con Francisco I, eterno rival del emperador Carlos V. En 1532 Francisco I consiguió forjar la unidad nacional al proclamar, ante el parlamento reunido en Vannes, nuestro próximo destino, la unión del reino de Bretaña con el de Francia.

La imponente fortaleza de Nantes fue construida en el siglo XV por el padre de Ana, Francisco II. Está rodeada de un doble sistema de fosos y se accede a la misma a través de dos gruesas torres gemelas. Alberga un palacio renacentista que se convirtió en residencia real en el siglo XVI. 

En siglos posteriores se utilizó como prisión y con fines militares. Pasamos un rato muy agradable tomando unos carísimos refrescos frente al precioso castillo, aunque el recuerdo mereció la pena.


La catedral de San Pedro y San Pablo comenzó a construirse en el primer tercio del siglo XV aunque no fue terminada hasta 1891. Tan largo periodo constructivo no  impide que muestre  un aspecto gótico bastante homogéneo, si bien se echa en falta la silueta más estilizada de otras catedrales de la región.

En el interior destaca el bello monumento funerario que la duquesa Ana hizo construir en memoria de sus padres, con las estatuas yacentes de Francisco II y Margarita de Foix flanqueadas por las virtudes.


Pero Nantes es también importante como lugar de nacimiento del genial Julio Verne (1828-1909), que vivió allí  hasta que marchó a estudiar Derecho a París. Cuánto talento y visiones del futuro debió de acumular mi admirado Jules Gabriel paseando por las bonitas calles de la antigua capital bretona. 


 En este enlace tenéis un complemento estupendo a esta entrada, una mirada a la arte de los rótulos y enseñas, que en Bretaña alcanza un nivel incomparable: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2015/10/ventanas-al-pasado.html

4 comentarios:

Encarna Lorenzo dijo...

Agradezco a mi padre, Manuel Lorenzo Pérez, las correcciones que me ha hecho al contenido de la entrada. El sabe mucho más que yo de historia y, por supuesto, de geometría.

María Lorenzo dijo...

Qué escándalo de viaje. Aún no sé qué impresión causó a tus jóvenes.

Encarna Lorenzo dijo...

Sí, es un viaje muy bonito. Me dieron muchas ganas de profundizar aún más en Bretaña. Los niños al principio no tenían demasiado interés porque no sabían bien qué íbamos a ver. Ellos siempre prefieren nombres de ciudades que suenen mucho antes que arriesgarse a conocer otros sitios. Pero al final les gustó mucho, especialmente una parte de la que no he hablado aún, Cap Frehel y Fort La Latte.

José Biedma dijo...

Por ponerle banda musical con poética bretona: https://www.youtube.com/watch?v=atxyOCHFd8U