sábado, 7 de junio de 2014

Estambul / 5. Irenes

Hagia Irene 

La iglesia de Santa Irene ("Eirene" en griego es paz) fue construida en el siglo IV, en el lugar más antiguo de culto cristiano de Constantinopla, durante el reinado de Constantino I, y consagrada a la Santa Paz del Imperio. O sea, este hermoso templo fue a Bizancio lo que el Ara Pacis a Roma. Como la paz entre los humanos es efímera y su antagonismo persistente, la iglesia resultó destruida en la revuelta de Niká (532), pero Justiniano, que aplastó la revuelta con la inestimable ayuda de su mujer Teodora y su general Belisario, la restauró en 548.

La Iglesia Fue sede del patriarca de Constantinopla hasta la consagración de Hagia Sofia. Los sacerdotes, durante el culto, utilizaban el synthronon, cinco hileras de asientos encajados en el abside. Sorprendentemente, es la única iglesia de Estambul que no ha sido convertida en mezquita. Tras la iglesia, todavía puede atisbarse un patio donde descansaban, en sarcófagos de pórfido, los emperadores bizantinos. La mayoría han sido trasladados al Museo Arqueológico de Estambul.

Este magnífico espacio sagrado, de planta rectangular, con sus cúpulas descansando sobre la nave mayor, desnudo ahora de todo ornamento, es usado como sala de conciertos y exposiciones dentro del primer patio del palacio de Topkapi, dadas sus magníficas condiciones acústicas.


Me preguntaba si el nombre de esta iglesia tendría algo que vez con el de la primera emperatriz del imperio bizantino, Irene de Atenas. Pues no, a pesar de que la iglesia ortodoxa la proclamó santa.

En 534 el general bizantino Belisario toma Cartago y destruye el reino africano de los vándalos, quienes por cierto dieron nombre a "V-Andalucía", porque esta temible tribu bárbara saltó al norte de África tras haber atravesado como un ciclón destructor la península ibérica, y los árabes se acordaron de ello cuando hicieron lo propio, pero en dirección contraria...

En 535, Belisario invade Sicilia, Italia, y toma Roma. Dos años después se consagró Hagia Sofía (Santa Sabiduría) en Constantinopla. En 554 las fuerzas bizantinas se harán con el control de la bética y una parte de la antigua tarraconense, la costa murciana de nuestra península.


En 618, los últimos territorios bizantinos en la península ibérica fueron ocupados por los visigodos. Los árabes ya habían invadido Hispania, cuando en 752 Pipino se convirtió en rey de los francos. En dos campañas derrotó a los Lombardos. Entregó el exarcado bizantino de Rávena al papa en 756. Constantino VI, en la distante Constantinopla, estaba demasiado entretenido conteniendo a búlgaros y árabes como para guerrear también en Italia. Roma se fundó en el 753 antes de Cristo, y en el 752 después de Cristo el Imperio fue expulsado de Roma para siempre.

Constantino V, hijo mayor de León III el Isaurio (717-741) fue iconoclasta. Con ello se granjeó la animadversión de los monjes. Cerró monasterios y confiscó sus propiedades. Los monjes hicieron correr la historia de que se había cagado mientras era bautizado, por eso los cronistas le conocen como Constantino Coprónimo. Murió de muerte natural en 775, en una de sus campañas contra los búlgaros. Por motivos políticos, se casó con una princesa jázara de la que nació su sucesor, León IV el Jázaro, el cual se casó por amor con una hermosa ateniense, cuyo origen discuten los historiadores: Irene.
Irene Basileus

Según algunos, Irene Sarantapechaina, o Irene de Atenas, famosa por su belleza, fue hija de una hilandera; según otros, era de origen noble pero pobre; otros afirman que era hija de una prostituta... El caso es que recibió una esmerada educación, gracias a un pariente sacerdote influyente en la corte.

Irene era una firme aunque secreta iconodula (veneradora de imágenes). Se dice que cuando León IV le pilló venerando iconos renunció a acostarse con ella. Pero Irene no renunció a intrigrar a favor de sus ideas. Por eso posteriormente la hicieron santa, a pesar de que sus acciones no revelan grandes escrúpulos morales, como veremos.

En 780 murió su marido (las malas lenguas hablaron de envenenamiento). Le sucedió en el trono Constantino VI, hijo de Irene y de León, que sólo contaba con diez años. Irene maniobró con la ayuda de dos eunucos para deshacerse de sus cuñados (hermanastros de León IV), ejerció de regente y bregó por restaurar la veneración a los iconos tras medio siglo de dominio iconoclasta. En 787 consiguió convocar un Concilio Ecuménico en Nicea que restauró el culto a las imágenes pero con restricciones. Prohibidas las estatuas, sólo bajorrelieves. Esto destruyó la escultura bizantina, y la rusa, pues Rusia heredó su cultura de Constantinopla.

Como otras veces, el fanatismo religioso fue negativo para la cultura en general. Tras la época de Justiniano, el Imperio Bizantino ya no produjo nada original y ninguno de sus libros tuvo gran difusión. En 750, Juan Damasceno ensaya la conciliación de la teología cristiana con Aristóteles bajo el califato, porque ofrecía por entonces mejores condiciones para la erudición en la temprana Edad Media.
Sólido, moneda bizantina, con la efigie de Irene Emperadora

Cuando Constantino VI quiso poner fin a la regencia, Irene se opuso. Fue desterrada y vuelta a llamar en 792. No tuvo el menor escrúpulo en intrigar contra su hijo. Constantino quiso ser tan honrado que ofendió a todo el mundo divorciándose de María (la esposa que le había impuesto su madre) y casándose con su amante, Teodota. Irene aprovechó el escándalo para apresar a su propio hijo, azotarle y cegarle. Dicen que Constantino murió de las heridas, y que un eclipse de sol mantuvo a Constantinopla en la oscuridad durante semanas. A pesar de estas supuestas señales de enojo divino, Irene se proclamó emperador (basileus), no emperadora (basilissa). Se negó a buscar un hombre de paja al que poder manejar. Eso no le impidió frenar a los sarracenos y hacer la paz con el califa Harum al Raschid (célebre por su papel en los cuentos de las Mil y una Noches), convirtiéndose en la primera emperatriz bizantina.
El emperador Carlomagno, rey de los francos

Esta situación irregular respecto a las tradiciones del imperio romano oriental duró del 797 al 802 y tuvo importantes repercusiones históricas e internacionales. Los reyes francos no reconocían a las mujeres gobernantes. En Occidente gobernaba Carlomagno que consideraba vacante el trono imperial. Fue esto lo que permitió que el papa León III coronara a Carlomagno en el año 800 como emperador romano. Irene montó en cólera; los bizantinos no reconocían el derecho de Papa de Roma a nombrar emperador. El conflicto estaba servido.

Sin embargo, Carlomagno no tenía especiales ganas de guerrear contra el Imperio Bizantino, al que sabía muy superior económica, cultural y militarmente. Era consciente del atraso de Occidente frente a Constantinopla. Sus arquitectos imitaron en Aquisgrán el arte de Bizancio. Así que hubo quien propuso un matrimonio que reunificase el imperio, un matrimonio entre un sesentón, Carlomagno, y una cincuentona, Irene...

Ábside de la iglesia de la Santa Paz
con una cruz iconoclasta (Estambul)
Según el cronista Teófanes, los planes de matrimonio fueron frustrados por uno de los favoritos de la emperatriz.

Lo cierto es que la popularidad de Irene menguó. En el 802, los generales conspiraron con éxito contra ella, la apresaron y la encerraron en un convento de la isla de Lesbos. Coronaron emperador a su honrado tesorero, Nicéforo I.

En 803, Nicéforo y Carlomagno firmaron la paz que dejaba formalmente el sur de Italia y la costa Iliria en manos de Bizancio. También Venecia quedó en poder de los bizantinos. Pero a la muerte de Nicéforo, su yerno, Miguel I, débil y dominado por los monjes, acabaría reconociendo la validez del título de emperador a Carlomagno, con la esperanza de que los francos le aliviaran de la presión que sobre el imperio ejercían los búlgaros. No pudieron hacer nada porque a la muerte de Carlomagno, el Imperio Franco se sumergió en una guerra civil, haciéndose pedazos.

Con el tiempo, Miguel II el Tartamudo (820-829) intentó reforzar su posición con un acto simbólico. Tras la muerte de su mujer, hizo salir de un monasterio a Eufrosina, hija de Constantino VI, el emperador que fue cegado por su madre Irene la Ateniense treinta años antes. Se casó con ella y de este modo se alió con la dinastía Isauria.

Los iconodulos no acabaron por imponerse hasta el 843. Entonces la iconoclastia desapareció de la escena histórica, tras siglo y cuarto de existencia.

1 comentario:

José Rivilla dijo...

Hola Pepe. He sido compañero de viaje siendo para mi un placer volver a recordar ciertos aspectos de dicho viaje que tu tan bien describes. Gracias por haberme invitado a leer tus impresiones sobre el viaje dando un tinte histórico que hace lo vivido mucho más hermoso. Tengo muy buen recuerdo de nuestra visita a Estambul. Recordaré siempre el te en el Hotel y los comentarios en los desplazamientos. Saludos.