martes, 27 de mayo de 2014

Estambul / 4. Guerreros y místicos


Hemos cogido el tranvía y un funicular para llegar desde el barrio del hotel hasta el norte de Beyoglu.  Cae una ligera llovizna y en la plaza Taksim, escenario de encendidas protestas hace unos días, hay un par de puestos de flores aburridos a cargo de dos señoras sentadas que cubren su cabeza con un pañuelo de colores.

Nos acercamos al monumento a la Independencia, completado en 1928. Retrata a Mustafa Kemal Atatürk (1881-1938) con políticos contemporáneos.

Durante el XIX y XX las guerras con rusos y austriacos fueron comiendo terreno al Imperio Otomano, en favor de Grecia, Serbia, Bulgaria... En la I Guerra Mundial, los turcos jugaron fuerte en el bando de los perdedores. En 1915, las fuerzas aliadas quisieron tomar Estambul desembarcando en la península de Galípoli. Como indica el mapita de abajo, someterían Turquía y abrirían una nueva ruta de abastecimiento para Rusia (potencia aliada). Pero los turcos aguantaron a ingleses, franceses, australianos y neozelandeses. La batalla duró tres días y murieron en ella 28.000 hombres. Los ingleses mandaron refuerzos a la que ellos llaman "batalla de los Dardanelos", pero no sirvieron más que para ampliar la matanza a un total de medio millón de muertos entre turcos y aliados. La península se llenó de basura militar.

El plan de las potencias aliadas
En 1906, un joven militar, Mustafá Kemal, había fundado una sociedad secreta, Vatan ve Hürriyet ("Patria y Libertad"), con un par de amigos. Querían la revolución y transformación del Imperio Otomano en una nación moderna inspirada en la Revolución Francesa. 

En 1908 los conocidos como Jóvenes Turcos (Comité de Unión y Progreso) fomentaron  una revolución para proclamar la monarquía constitucional (Mesrutiyet). Poco después, Mustafá Kemal fue destinado a Trípoli para defender la última colonia otomana que quedaba en el norte de África.

En Salónica tomó parte en 1909 en el II Congreso del Comité Unión y Progreso. Allí sugirió que el Comité se convirtiera en un partido político, que el ejército se mantuviera al margen de la política, que se impusiera el principio de igualdad y se estableciera una distinción entre religión y política. En Galípoli comenzaría a labrar su merecida fama de héroe nacional y padre de la patria turca. En 1917-1918 luchó en el Cáucaso contra los rusos. Hasta el XVIII, hasta los tiempos de Catalina la Grande, el Mar Negro era un lago turco. Kemal se volvió cada vez más crítico con la incompetencia del sultanato y con el control que el Imperio alemán ejercía sobre el sultán. 

Cuando los turcos capitularon en 1918, Kemal lideraba la facción que favorecía la política de defender los territorios turcoparlantes del Imperio, aceptando al mismo tiempo la retirada de todos los territorios no turcos. El Armisticio de Mudros reconocía a la Triple Alianza de los vencedores la ocupación de cualquier punto estratégico del territorio otomano que “pusiera en peligro su seguridad”. Los ingleses ocuparon Mosul; los franceses, un puñado de ciudades de Anatolia Meridional; y los italianos, Antalya, en 1919. La presencia militar extranjera se hacía sensible en toda Turquía. El sentimiento nacionalista turco se exacerbó con la ocupación griega de Izmir (Esmirna).  Mustafá Kemal decidió entonces marchar a Anatolia. Desembarcó en Samsun, en el Mar Negro oriental, y organizó un movimiento de resistencia que marca el comienzo de la Guerra de Independencia Turca

En 1920, las potencias vencedoras ocuparon Constantinopla. Las distintas facciones turcas no se pusieron de acuerdo hasta un gran Pacto Nacional (Misaki Milli). Por ese pacto se renunció a la dominación de las provincias no turcas, pidiéndose en cambio la total e incondicional independencia de todas las áreas habitadas por turcos. En abril de 1920, el Parlamento Provisional que estaba establecido en Ankara ofreció a Kemal el cargo de Presidente de la Asamblea Nacional, y el 19 de agosto rechazó el Tratado de Sèvres firmado por el sultán y declaró traidores a la dinastía otomana y al Consejo Otomano.

Como jefe de las fuerzas armadas turcas, Mustafa Kemal preparó la Guerra de Liberación Nacional, aprovechando todos los poderes de que disponía (militar, ejecutivo, legislativo y judicial) y haciendo que en la resistencia bélica contra el reparto de Anatolia participara toda la población, hasta mujeres y niños. De este modo creó una nueva conciencia nacional. En la batalla de Sakarya, que duró más de veinte días y ganaron los turcos, Kemal resultó herido.

Historia del Orient Express.
En la actualidad, no acaba en Estambul, sino en Viena.

La Gran Asamblea le hizo mariscal con el título de Gazi (vencedor). Entonces Gazi Mustafa Kemal, orientó muy hábilmente su actividad hacia la política exterior. El 13 de octubre de 1921, la Gran Asamblea firmó un tratado de amistad con las repúblicas soviéticas de Armenia, Georgia y Azerbaiyán. Las tropas francesas se retiraron del territorio turco. El último sultán turco, Mehmet VI, marchó al exilio y en Lausana (Suiza) se firmo un Tratado de paz.  Once meses después se proclamó la República turca, con Kemal como presidente.

Se comprende así que el régimen democrático de la Turquía actual está tutelado en la sombra por el ejército, garante, sobre todo, de la laicidad moderna de la república. En la II Guerra Mundial, Turquía se mantuvo neutral, pero hizo de tapón para impedir el acceso de las fuerzas del Eje al petróleo de Oriente Medio. Turquía es puente y frontera entre Occidente y Oriente. Forma parte de la OTAN desde 1952. Las Fuerzas Armadas de Turquía (FAT), con más de un millón de soldados, muy modernas y operativas, constituyen la segunda mayor fuerza militar de la OTAN, después de EEUU. Hay quien piensa que la integración de la FAT en la estructura militar de la Unión Europea es lo que permitiría a esta jugar a la política internacional como una verdadera superpotencia global. 

***

Beyoglu, al norte de El Cuerno de Oro, es el barrio de los extranjeros. Paseando por sus calles uno podría pensar fácilmente que está en París o en Viena. Los primeros que llegaron a esta colina fueron los genoveses, competidores comerciales de los venecianos. Se les entregó la zona de Gálata, al sur del barrio, que ahora domina la famosa torre, en agradecimiento por su ayuda en la reconquista de la ciudad de manos de los latinos en 1261. 

Me interesó saber que muchos sefarditas se asentaron aquí tras ser expulsados de España, también árabes, griegos y armenios. Es el barrio de las embajadas, de los cines, con una gran actividad comercial.

En el mercado de Galatasaray se vende principalmente pescado fresco. En la calle Istiklal, peatonal, que le sirve de eje al barrio, el turista puede montarse en un tranvía nostálgico. Antiguamente fue conocida como la Grand Rue de Pera. Los edificios de las antiguas embajadas se emplean ahora como consulados, después del traslado de la capital a Ankara en 1923. Las iglesias que quedan son meras reminiscencias con escasos feligreses. La inmensa mayoría de los habitantes de Estambul son musulmanes (99%) sunitas (74%). 

Entramos en una iglesia armenia, al sur de la plaza Taksim. Y nos sorprendió la belleza del rito, toda su liturgia cantada. Los fieles se santiguan e inclinan constantemente. La música me recordó mucho a la del gregoriano.

Linternas del salón de baile del Pera Palas

Mereció la pena pagar seis euros por un té en el bar oriental del Hotel Pera Palas. Lujo sin excentricidades. En este hotel legendario hallaban cómoda estancia los más ilustres pasajeros del Orient Express. Entre ellos: Mata Hari, Greta Garbo, Jackie Onassis, Sarah Bernhardt o Agatha Christie, cuya habitación 411 se puede visitar previa petición. Desde su terraza exterior se disfruta una excelente vista de El Cuerno de Oro.
 


En una librería de Istiklâl me satisfizo hallar una obra de Umberto Eco traducida al turco. Luego me arrepentí de no haberla adquirido como recuerdo y desafío. También vendían bonitos cuadernos de anotaciones. En una trasversal se halla una estrecha galería cubierta. Una señora turca, muy morena y de ojos saltones, nos dio la bienvenida en castellano. En sus tiendas se pueden encontrar los objetos más bizarros, hasta llaveros del Barça y sorprendentes objetos de anticuario.

A pocos pasos de allí, las guías recomiendan una visita al monasterio Mevlevi, que es también un museo de esta secta sufí. El sufismo es una secta mística y sunita del Islam. El nombre proviene del árabe suf, lana, por los ásperos y pobres vestidos que vestían los sufíes. Aspiran a alcanzar una experiencia divina, entrando en éxtasis por medio de la poesía, la música y la danza. Por eso los derviches danzantes giran vehementemente con sus grandes faldones en un baile ritual (semá) al son de una música monótona. 

Atatürk prohibió el sufismo en 1924, pero los sufíes han conservado su monasterio como Museo de la Literatura del Diván (poesía clásica otomana). El más grande de los maestros sufíes fue Mevlana Jelaleddin Rumi, un persa nacido en un pueblo del actual Afganistán y que murió en Konya, al sur de Anatolia central, en 1273. Mevlana o Mavlânâ significa "nuestro líder" o "nuestro señor"; y Rumí, "originario de la Anatolia romana". Su influencia ha sido muy amplia en la literatura persa, turca y urdú (lengua nacional de la élite musulmana de Pakistán, hermana del hindí, pero que presume de otro origen porque se escribe en alfabeto persa). 

A los derviches giróvagos de Mevlevi se han incorporado en la actualidad mujeres. 

La estampa que sirve de colofón a esta entrada la compré por menos de cinco euros, tras ligero regateo con un antipático vendedor, en el gran Bazar de Estambul, al otro lado del puente Gálata. Me arrepiento de no haber comprado otra más bella en que un increíble y estilizado caligrama se convertía en derviche giróvago con un par de trazos añadidos muy hábilmente por el artista calígrafo, también en papel pergamino, por ella me pedían, con cara de pocos amigos, más del doble...



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