lunes, 26 de mayo de 2014

Estambul / 3. Fuego griego y déesis cristiana.


En 717, León III fue proclamado emperador. Los árabes volvieron a poner cerco a Constantinopla. El "fuego griego" volvió a hacer de las suyas. El califa Solimán murió inesperadamente a principios del sitio. Durante el invierno de ese año, nevó muchísimo e hizo un frío extraordinario. Manadas de caballos y camellos murieron y los soldados árabes sufieron atrozmente. En el 718, lo que quedaba del ejército de la media luna se retiró. Sólo cinco barcos, de una flota original de ochocientos, volvieron a puerto.

Nunca más los árabes volverían a poner en jaque a Constantinopla, sin embargo el Islam acabaría por rendirla, pero no bajo la dirección árabe, sino bajo el empuje turco, otomano. Pero para entonces, la civilización europea occidental ya se había vuelto lo suficientemente fuerte como para salvarse por su cuenta. El escudo frente al poder otomano sería sobre todo la flota de Felipe II de las Españas, y el acontecimiento decisivo, la batalla de Lepanto (1571).

Mosaico de la déesis de Santa Sofía
En el suelo, frente a él, se halla la tumba de Enrico Dandolo,
Dux de Venecia que saqueó Constantinopla en 1204.
¿Por qué Constantino, fundador de la ciudad y emperador desde 306 al 337, se hizo cristiano? ¿La mayoría de sus soldados lo eran? ¿Influencia de su madre? En su tiempo, los cristianos estaban -como hoy- divididos en multitud de sectas. Cada una de ellas consideraba heréticas a las otras. En la Roma pagana él era, como emperador, Pontifex Maximus, cabeza de la religión oficial del Estado. Todas las sectas apelaron al emperador, cada una de ellas esperaba convencerle de su ortodoxia. Por esta razón, todas se doblegaron ante la idea de que el emperador fuera cabeza de la Iglesia, este "cesaropapismo" (el mismo hombre, César y Papa) duraría mil años.

Exterior de Hagia Sophia

Tal vez Olof Gigon tenga razón: el cristianismo se distingue de otros cultos de la Antigüedad porque parte de un determinado acontecimiento histórico que, interpretado en clave religiosa y simbólica, permite dar sentido a toda la historia humana como soteriología, como historia de salvacióni. Roma ofrecía en sentido profano algo análogo, por la creencia en la perdurabilidad histórica de su Imperio. Frente a una única fe verdadera, un único imperio definitivo. Frente a un Dios, un Emperador. Y a cada uno lo suyo, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

"El cristianismo se encontró con que podía dar una fundamentación teológica cristiana a la creencia en la perdurabilidad del Imperio. Y quedó con ello abierta la posibilidad de que las relaciones entre ambos poderes definitivos pudiesen evolucionar de la hostilidad a la colaboración, como de hecho ha sucedido desde la época constantiniana". O. Gigon. La cultura antigua y el cristianismo, Gredos, Madrid, 1970.
Interior de Hagia Sofia

La teología cristiana se había desarrollado sobre todo en Alejandría (la más importante ciudad del Egipto griego, ptolemaico), fundada por Alejandro el Grande, el discípulo de Aristóteles. Allí mandaban en la fe Arrio y Atanasio, por lo que sus fieles se llamaban arrianos y atanasianos. Los arrianos creían que Dios era supremo y que Jesús, aún el más grande de todos sus criaturas, eras inferior a Dios. Los atanasianos creían que las tres personas, Dios, Jesús y el Espíritu Santo, no eran sino aspectos diferentes de la Trinidad. Constantino I convocó el primer concilio de obispos, el de Nicea (325) para resolver esta disputa. El concilio se decidió a favor de Atanasio y la Trinidad. Tal doctrina se convirtió en la de toda la Iglesia, o sea, en la "católica" (en griego, este adjetivo significa "entera", "universal"). No obstante, los arrianos no abandonaron sus tesis de la supremacía del Padre, y se enfrentarían a los católicos durante varios siglos. Los visigodos, al invadir Hispania, eran ya arrianos.

En 341 se prohibieron en el Imperio los sacrificios paganos y en el 353 se cerraron los templos. Bajo el emperador Teodosio I, los paganos se vieron privados de todos sus derechos civiles. Así que los cristianos, de perseguidos se convirtieron en perseguidores. El cristianismo se convirtió en religión oficial del Estado y el paganismo se marchitó lentamente.
Interior de Santa Irene (VI),
con una impresionante cruz iconoclasta
de mosaico en su ábside

Elena, la madre de Constantino, daba por descubierta la Vera Cruz, el madero de la crucifixión de Jesús, así como los clavos, la corona de espinas, la esponja del vinagre que mojó sus labios mientras agonizaba, y hasta la lanza que traspaso su costado. Todas estas reliquias, junto con el manto de la Virgen, fueron llevadas a Constantinopla. A finales del V, cantidades ingentes de reliquias marianas llenaban sus iglesias y monasterios, que se hicieron ricos y poderosos. Hasta que León III el Isaurio, emperador hasta su muerte en 741, creyó que los iconos eran idolátricos y perversos. Puede que a ello contribuyera que los monjes eran un contrapoder gracias a la explotación comercial de los iconos. Además, estaban exentos del servicio militar y de pagar impuestos.

En 726 se publicó el primer decreto iconoclasta (los "iconoclastas" son los "rompedores de iconos"). La iconoclastia provocó la reacción de aquellos que no consideraban que adoraran imágenes sino que simplemente las veneraban ("iconodulos"), entre ellos estaban los monjes que pretendían convencer al pueblo de que destruir una imagen de Jesús o de María era una blasfemia terrible. En 723, el califato de Damasco había decretado la destrucción de todos los iconos en las iglesias cristianas situadas en sus dominios. Por tanto, lo que hacía León III parecía también una herejía islámica. Miles de refugiados iconodulos, junto con sus imágenes, huyeron al sur de Italia. El Papa de Roma no estaba dispuesto a ceder frente a la iconoclastia y León se desprestigió en Occidente. Gregorio III le excomulgó. Y sin embargo, su reinado, el del primer emperador de la dinastía "isauria", fue un éxito geopolítico y cultural. Reorganizó el código de Justiniano en el sentido de una mayor humanidad y benevolencia en los castigos. Sustituyó la ejecución penal por mutilaciones. Puritano, abolió el concubinato y dificultó el divorcio.

Las iglesias de Constantinopla, así como sus palacios, brillaban en tiempos de Justiniano (siglo VI) con el fulgor de los mosaicos bizantinos.


El de arriba, en el Vestíbulo de los Guerreros de Hagia Sofia, aparece María, sentada en un trono con el Niño Jesús en brazos, flanqueada por los dos grandes emperadores de la ciudad. Constantino, a la derecha, le regala la ciudad de Constantinopla y Justiniano le ofrece Santa Sofía. El mosaico se realizó después de la muerte de los emperadores, puede que en el siglo X, durante el reinado de Basilio II.


Arriba, maravilloso detalle de la La Déesis (en griego, δέησις), "plegaria" o "súplica" de Santa Sofía. Se trata de una iconografía de Cristo entronizado, en Majestad (Pantocrátor), llevando un libro y flanqueado por la Virgen María y San Juan Bautista, acompañado a veces por ángeles y santos.

La belleza de este icono me produjo ese escalofrío en la espalda que para mí es síntoma del síndrome de Stendhal. Es verdad que la luz parece proceder de dentro de las teselas de cristal. La seriedad del gesto de Jesús y su gesto de bendición me conmovieron profundamente, a pesar del tumulto que se agolpaba delante de turistas-fotógrafos.

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