domingo, 5 de enero de 2014

Visita al Condado

Seis de diciembre de 2013.
Hacia el Condado, al norte de Jaén, entre Ciudad Real y la Loma. 

Desde los cerros de Úbeda, la carretera de Madrid cae pronto hacia la cola del pantano del Giribaile en el valle del Guadalimar que separa ambas comarcas. Luego se eleva otra vez, torciendo a la derecha, nada más pasar el paraje donde se deshace sumergido el viejo Puente Ariza. Por allí descubrió San Juan de la cruz, milagrosamente, el manojo de espárragos con el que restauraría sus fuerzas en su agónico camino hacia su tránsito en Úbeda.

Olivos y encinas. A la derecha dejamos el santuario de la Virgen de la Estrella, luego el pequeño paraje con vocación de parque en que se velan las huellas de un dinosaurio. En treinta minutos, sin correr, nos ponemos en Navas de San Juan, donde fríen bastante bien las ancas de rana, y en seguida en Santisteban.

En la plaza principal del pueblo toman el sol, separados, paisanos e inmigrantes. Ha empezado la campaña de aceituna. En la fachada de una casa una inscripción recuerda que fue habitada, nada más y nada menos, que por la Santísima Virgen del Collado. Justo enfrente repostamos en el Bar-café Guzmán. Un acierto; buen café y sobresaliente pan tostado con aceite virgen extra de picual. No se desdeñan allí placeres más sofisticados como el bizcocho de zanahoria. Todo inmaculado.


Me congratulo de que entre los presentes haya quien recuerde la figura del más importante humanista, científico y divulgador del Renacimiento español nacido en Santisteban: Juan Pérez de Moya. Su Philosofía secreta (1585) fue el primer gran manual español de mitología clásica. La obra no sólo ofreció una gran lección moral, sino igualmente una meritoria y erudita asimilación del imaginario pagano a la mejor cultura cristiana de la época. La Filosofía secreta ejerció una importantísima influencia en poetas, pintores y escultores de nuestro Siglo de Oro.


En la plaza de Santisteban del Puerto un conjunto monumental recuerda el rostro y la obra de Jacinto Higueras Fuentes, autor del Monumento a las Batallas de Jaén (1912) y del Monumento al general Saro en Úbeda. Este artista santistebeño (1877-1954) fue un cotizado imaginero después de la guerra. Firmó la hermosa figura del Jesús Nazareno de Úbeda en 1940, retocada en sus brazos por Palma Burgos. A los pies de la cabeza del artista yace un desnudo femenino y la fecha 6 de Enero de 1963.



Tomamos rumbo hacia Castellar, que antiguamente se llamó "de Santisteban". Hacia la Mancha, dirección norte, por Aldeahermosa, Montizón, hasta Venta de los Santos. Más allá, queremos asomarnos al pantano del Dañador. Si sigues por esa carretera acabas cambiando de comunidad en pocos kilómetros y llegando a Villamanrique (Ciudad Real). Por aquí hubo una estación, Solaria, de la antigua vía romana conocida como el camino de Aníbal, seguramente porque el líder púnico la usó para conducir sus ejércitos. Por aquí deambularon también durante siglos los ganados de la Mesta, paso natural y cañada real desde la Mancha a las Andalucías y viceversa. Fue con el superintendente Olavide (1775), en tiempos de Carlos III, el rey ilustrado, cuando se repoblaron estas estribaciones donde la Sierra del Segura se encuentra con el vértice oriental de Sierra Morena. El plan de repoblación pretendía acabar con el bandolerismo.

Don Pablo Antonio José de Olavide y Jaúregui nació en Lima (Virreinato de Perú) en 1725 y murió en Baeza en 1803, escritor, jurista y político fue el responsable del importante plan de Nuevas poblaciones de Andalucía y Sierra Morena. La Inquisición le pagó sus importantes servicios al país y la corona con una injusta condena en 1778. Personifica tanto las ilusiones de los ilustrados, sus sueños de reforma y modernización de España, como su fracaso. Mereció una biografía de Diderot, viajó por Europa, y conoció al "príncipe de la Tolerancia", el famoso Voltaire, conocimiento este que pesaría en su posterior humillación y exilio. El autor de Cándido le describió como un "filósofo muy instruido y muy amable" (cfr. J. Biedma López,  Interpretación de Andalucía: Nuestro Renacimiento, Úbeda, 1998, pgs. 154-159).

"Sin agua no hay vida posible.
Es un bien preciado e indispensable
a toda actividad humana"
(Carta europea del agua)



Al lado del embalse del Dañador, en una zona de recreo tan amena como solitaria nos recibe una manada de ciervos, las hembras nos saludan y se despiden cabriolando por los cerros, entre curiosas y asustadas. Los machos nos miran altivos desde lo alto de las colinas, casi desafiantes. Luego desaparecen. Sorprende saber que, antiguamente, aquí se reunían los ganaderos de Villamanrique y del Condado en una feria que concentraba a más de mil personas para tentar (ahora se diría con horrible anglicismo "testear") el ganado. En el entorno se plantaron eucaliptos, pinos carrascos y el curioso ciprés de Arizona de tonos azulados. Un rústico caracol  de piedra sirve de protección a la boca de un pozo:


El embalse del Dañador sólo tiene capacidad para 4 hectómetros cúbicos. Fue construido en 1965 y ocupa 68 hectáreas. Sirve para la pesca y el abastecimiento de los pueblos de la comarca. Tras un relajante paseo, volvemos a Venta de los Santos, torcemos a la derecha, por el camino de los Olleros, con la intención de visitar las ruinas del Moliniche, un antiquísimo molino de origen romano. Dudamos si nos habremos pasado, pero unos cazadores metidos a senderistas nos orientan muy amablemente.

El Molineche aún conserva incorruptible la acequia que, como una vena separada de la arteria principal del río, lo alimentaba, así como el cuerpo de piedra hueco en el que sin duda estaba la maquinaria que convertía la energía hídrica en mecánica para la molienda. Allí crece ahora una higuera cimarrona. El molino tenía la estructura compleja y poco común de un cubo para aprovechar un caudal escaso o irregular. Y debieron de aprovecharlo durante siglos, romanos, godos, musulmanes y cristianos...

El paraje tiene mucho encanto. Con bosquezuelo de pinos y un soto que se convierte en rambla en tiempos de crecidas. La temperatura, a pesar del mes, nos resultó ideal para un paseo. Una semana antes estaría aquí mismo helando. Y sin embargo, todavía veo volar una ninfa de Linneo (Coenonympha pamphilus*), pero no consigo enfocarla bien. También danzan en el aire, buscando presa, algunas libélulas rojas. Por fin, tras retrasarme un poco, "cazo" con mi pentax y su objetivo macro (Sigma 105 mm), a una de ellas...



La vegetación de la ribera es muy interesante, autóctona: zarzamoras, majuelos, alisos, fresnos, tamujos (con los que se fabricaban escobas), lentiscos, labiérnagos, mimbreras, eneas, esparragueras, gamonitos, jaguarzos, torviscos...






Se oyen saltar las ranas, huye un mirlo y, por desgracia, encontramos el cadáver de un zorro aún caliente. Parece dormido. ¿Veneno? Ya se sabe que los cazadores humanos detestan la competencia de otros depredadores...



Un camino lleva hasta el charco de la presa que alimentaba el molino, cruza el río y, siguiendo el sendero paralelo al cauce, llega hasta la ermita de San Isidro, a unos 2,5 kms, en el área recreativa del Dañador que antes habíamos visitado.


Siguiendo el buen consejo de mi amigo y colega Antonio Buenosvinos, buscamos la Venta del Tío Silvino. La dueña, Lola, nos acoge muy amablemente. Nos coloca en una mesa con brasero de ascuas. Cuernos de ciervos, trofeos óseos de caza mayor, adornan las cuatro paredes. Pido caldo de cocido tan casero como el flan de café, para chuparse los dedos. ¡Ummm, esos pimientos confitados! Patatas "a lo rico", huevos, matanza de la de no escatimar en carne... Nada del otro mundo, pero todo tan fundamental como bueno.

A los postres, facunda y divertida, Lola nos ofrece un monólogo con información histórica, local y familiar...

En la venta del tío Silvino (Venta de los Santos)

Sin ir más lejos -nos cuenta-, allí mismo murió el maquis Rojo Terrinches (José María Mendoza Jimeno)...

Dos guardias civiles fueron a por él con ayuda del mayoral de una finca, según el libro de Constancio Zamora Moreno dedicado a El Rojo Terrinches. Se ganaron su confianza simulando ser pastores. Cuando el maquis apareció llevaba una escopeta de dos cañones y un cuchillo a la cintura. Les dijo que no era tan malo como se contaba, que él sólo luchaba por el proletariado. Les ofreció tabaco para liar. En un descuido, se abalanzaron sobre él, un guardia alcanzó a herirle en el cuello y el otro le dio un tiro en la cabeza:

“Tras su muerte se condujo el cadáver hasta Montizón, donde fue expuesto públicamente. Los guardias y el mayoral sonrientes y satisfechos se hicieron fotografías posando junto al cuero como si de una montería se tratara".

A Lola le preguntamos también por los italianos y sus cacerías de zorzales. Dijo con picardía que cuando no había pájaros en la zona, los italianos se iban a Ciudad Real por pájaras. No todos, claro. Nos saca, para su consulta, varios libros de historia local, escritos por estudiosos de estas duras y agrestes tierras fronterizas.

¡Y todo a 10 € por cabeza! No puedo sino, agradecido por la comida y las risas, darle un par de besos de despedida.

Dirección Chiclana de Segura y Sorihuela del Guadalimar.

Chiclana, como un nido de águilas, se agarra a una roca que en los últimos tiempos ofrece preocupantes signos de inestabilidad. La diputación está financiando su afianzamiento. Al este de la comarca del Condado, la pequeña y pintoresca ciudad, que cuenta en la actualidad con algo más de mil habitantes, fue conquistada en 1226 y perteneció a la Orden de Santiago y también a la antigua provincia de La Mancha hasta 1833.

Vista desde Sorihuela de Arroyo del Ojanco.
Detrás  la Puerta de Segura

Paramos en Sorihuela para disfrutar de la inmensas vistas de su balcón hacia el este, cerca del geriátrico. Al fondo la sierra de Segura, de las Villas y, más al sur, la de Cazorla...



De vuelta, sorteando remolques cargados de aceituna, cogemos la nacional en Villanueva del Arzobispo, el pueblo de "las tres mentiras" porque ni es villa, ni es nueva ni es por ahora de ningún arzobispo...





* Me acabo de enterar que este ninfálido está en peligro de extinción en el Reino Unido, no se sabe bien por qué causas...

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