lunes, 29 de agosto de 2011

Bergen (Noruega)



Bergen, capital del condado de Hordaland, con un cuarto de millón de almas, presume de ser la "puerta de los fiordos", y es sin duda una de las ciudades más hermosas de Europa.



Aquí nació quien por primera vez me hizo soñar, al estímulo del oído, con estos paisajes nórdicos. Me refiero al compositor Edvard Grieg, sus Suites Nº 1 Y 2 para Peer Gynt,la obra dramática de Ibsen, le granjearon fama mundial. Las oíamos mientras preparábamos el examen de Selectividad, in illo tempore (1975), poco antes de la muerte de Franco. Y no puedo evitar cantar una de sus melodías con otra letra, porque Chente y yo memorizamos el nombre de un movimiento estético alemán, poniéndoselo como letra al andante de la "Canción de Solveig" (canto puro y redentor).


No recuerdo bien si este disco me lo regaló mi tío Juan Ángel, para que luego viajásemos juntos al país de Grieg, o "lo distraje" de la discoteca de mi tía Maripepa, pero el caso es que le tengo un cariño especial y lo conservo como un joya antigua. Aunque es de vinilo, pesa casi tanto como los viejos discos de pizarra. Se trata de una edición de la DECCA: Orqueta Filarmónica de Londres, bajo la dirección de Basil Cameron, full frequency range recording, alta fidelidad. En la carátula, muy sobria, a dos tintas, se dibujan unos abetos esquemáticos bajo unas altísimas montañas blancas. No tiene fecha de edición, tal vez porque estas cosas se fabricaban para que durasen, como los matrimonios de antes. Infra, el monumento de Bergen a Grieg.



Estoy de acuerdo con José Carlos, Grieg es un compositor injustamente menospreciado, seguramente, porque era un melodista genial, porque sabía que la verdadera fuente de la música elevada, su sublimación, es la música popular, y porque las limpias corrientes de deshielo de su imaginación se encauzaban por canales estrechos, de montañas noruegas, más bien que por sinfónicos y ampulosos cauces. Salvo los números más famosos de las Suites de Peer Gynt, el resto de su obra es casi desconocido o de acceso difícil.


Peer Gynt, héroe y antihéroe, fue dibujado por Ibsen con los peores defectos y virtudes que atribuía a sus compatriotas: egoísmo, indecisión, pusilanimidad; un campesino noruego vagabundo y soñador, fanfarrón e inmoral; eso sí, con un fuerte encanto personal. La heroína Solveig es la buena del drama, será su amor el que salve y redima a Gynt cuando -tras odiseas golferías y hasta dudosas asociaciones con los Trolls- vuelva a Noruega.


Ole Bull (1810-1880), curioso nombre taurino para un noruego) fue el violinista más famoso de Noruega. Su virtuosismo divulgó internacionalmente la música tradicional noruega y abrió el camino para Grieg.

Cerca del monumento a este "Paganini nórdico" (supra), un precioso lago (Lille Lungegaardsvann), amplio espacio para relajarse y alimentar a los patos. En la foto de abajo puede verse el lago desde el monte Floien, abajo a la izquierda, con color verdoso contrastando con el azul del cielo y del fiordo:



No tendrán problema para mantenerlo lleno: En Bergen llueve casi todo el año. Cuentan que una vez un turista, de los cientos de miles que recorren Bergen todos los veranos, preguntó a una aborigen, harto de agua, cuándo dejaba de llover allí. La interlocutora, una jovencita, le respondió: "No sé, señor, ¡yo solo tengo quince años!" ¡Y sin embargo, a nosotros nos salió el sol, en estado de gracia bajo el amparo de Jesús Nazareno! El sol es un dios más terrenal que dora las hojas de los árboles y convierte cada claro de bosque en un cuarteto para abeja, avispa, mosca y libélula.


 En estos bosques moran trolls buenos y malos. Si el viajero sube en funicular o teleférico al monte Floien, en un día como éste descubre un maravilloso paisaje en el que la construcción humana se teje en un precioso tapiz con el entorno: el fiordo, el estanque, los barcos, los bosques, el cielo y las rocas.



El barrio más famoso de Bergen (supra) es alemán, un monumento arqueológico de la Hansa Germánica. Esa Liga comercial fue todo un poder político entre los siglos XIII y XVI, que agrupaba a un buen puñado de ciudades, libres del poder imperial y clerical, de Alemania, Inglaterra, Países Bajos, Polonia, Escandinavia y los países Bálticos.
 
 
 
En sus momentos de mayor esplendor, la Hansa aunaba a más de cien ciudades. Durante más de cuatro siglos, Bergen estuvo dominada por más de un millar de mercaderes alemanes, encerrados en un gueto: Bryggen, una comunidad cerrada que sin embargo, paradojas de la historia, se ha convertido en uno de los emblemas más reconocibles de Noruega.
 
En la actualidad, se trata de un mercado abigarrado de pequeños locales dedicados a los souvenirs, el diseño de objetos y vestidos. Uno puede allí comprar, caro, prendas de punto, regalos y artesanías variadas. Luego se devuelven parte de las taxas. 
 
El lugar más animado durante el día es el mercado de pescado (Torget), donde los turistas pueden probar las delicias locales; las más exóticas: el cangrejo real o la carne de ballena. No extrañe que la camarera sea malagueña o napolitana.
 
 
Desde allí, siguiendo Torgallmenningen y Vestre Torggaten se admiran  los escaparates de las mejores tiendas de Bergen, cuyos precios son totalmente prohibitivos y cuyos tenderos no admiten siquiera el regateo.



Subiendo unas escalinatas, uno accede a Johanneskirke, una iglesia de estilo neogótico con nostalgias vikingas. Detrás, la universidad y los principales museos. A la menor señal de sol, estos escandinavos se lanzan a los parques para pillar un melanoma.


martes, 23 de agosto de 2011

Olden y Briksdal



Desembarcamos en Olden en lanchas, con una logística impecable, casi militar.



Olden es un pueblito del fiordo del norte (Nordfjiord), tan pequeño que apenas aparece en las guías, sino asociado al Briksdalsbreen, una de las lenguas más fotografiadas del glaciar Jostedal (Jostadalsbreen), el mayor glaciar de la Europa continental, con una extensión de 487 kms. cuadrados, mayor que la de Andorra. El hielo alcanza en algunas partes más de cuatrocientos metros de profundidad, a 2000 de altitud.



La excursión hasta la lengua del glaciar en el Balle de Briks (de propiedad privada) lleva una caminata de una hora, por bosques y prados de un verde jugoso y perpetuo, a través de la garganta del arroyo en que desagua el deshielo, formando pulcras corrientes y cataratas. Quienes no quieren sufrir los rigores de la cuesta arriba, pueden hacer parte del trayecto en cochecito.



Tiene razón Mario del Rosal (Noruega, Guía viva de Anaya, 2010), acercarse a un glaciar por primera vez es como descubrir el mar. Los sentidos no se creen que esa gigantesca masa blanca y azul pueda estar ahí y viajar uno o dos metros cada día, como el cuerpo de una
lenta serpiente gigante y mítica. Desde lejos se puede oír el crujido de su movimiento erosionante, uno imagina entonces qué fuerzas  titánicas, mayores incluso que ésta, esculpieron los fiordos en la Edad del Hielo, abriendo enormes abismos en el
corazón de las durísimas montañas de basalto y granito, hasta el mar.
 
 
 

Al otro lado del glaciar, al sureste, cerca de la localidad de Skjolden, se construyó su cabaña, en un lugar apartado sobre el fiordo Sogne, el filósofo Ludwig Wittgenstein. Durante el curso 1913-1914, desarrollaría en ella las ideas que cristalizarían en el Tractatus Logico-Philosophicus.
 

Nuestro excelente guía se llamaba Aníbal, hispanoamericano.

domingo, 21 de agosto de 2011

Stavanger y Lysefjord

Cuando llegamos a Stavanger, capital de Rogaland, salió el sol, iluminando las casitas blancas de madera del Gamle Stavanger, como si surgieran de un sueño infantil.

La cubierta del Gran Mistral -un crucero con más de dos mil personas a bordo entre pasajeros (casi 1.400) y tripulación (más de seiscientos)- quedaba por encima de la altura del Viejo Stavanger. En el pueblecito, todo está perfectamente congelado, aunque la temperatura, en agosto, sea primaveral. Sus jardincitos son un encanto de cuidados florales, con frondosos macizos de hortensias de colores pastel, pendientes de la reina, pensamientos diminutos, rosas frescas...





Este barrio, Straen, fue construido en los siglos XVII y XVIII y nadie diría que varios incendios lo han destruido en distintas ocasiones. Las casitas fueron viviendas y almacenes de comerciantes de conservas de pescado, sobre todo arenques, de artesanos y marinos, entre 1830 y 1890. Mi guía hablaba de los gatos somnolientos de estas calles, pero nosotros no vimos ni uno, debían de estar atareados cazando ratones, o de huelga por el sueldo que reciben dando la pose turística. ¡Y eso que aquí el trabajo se paga mejor que en ninguna parte!



Nadie diría visitando el núcleo histórico de esta ciudad, la pequeña península de Skagen, el puerto y su bahía, que es la cuarta población de Noruega, ciudad afortunada, primero como centro pesquero, venido a menos en los años cincuenta del pasado siglo, y luego como centro cosmopolita de refinado y comercialización del petróleo del Mar del Norte.

El casco histórico puede verse en poco tiempo. Merece la pena asomarse al Breiavatnet, un bonito estanque tras el cual se extiende el cementerio.


Desde Stavanger es obligada la excursión por Hoegsfjiorden, bordeando por el sur la isla de Adnoy, hasta el pequeño Lysefjord, el fiordo de la Luz, por agua, en ferry, o desde tierra, en coche, autobús o caminando.


La estrella es Preikestolen, la Roca del Púlpito, una inmensa pared que flanquea uno de los recodos del fiordo, una gigantesca torre cuya cima es una gran terraza con vistas extraordinarias.



El ferry te aproxima a la cueva de Fantahala, donde un proscrito se escondió de la ley. Cerca de allí, unas cuantas cabras, se dejan caer desde las alturas, solícitas al reclamo de los turistas, níveas y bien adiestradas.

La vuelta a Stavanger, una delicia de conversación con Carmen y José Carlos, en el mejor de los contextos imaginables.

viernes, 19 de agosto de 2011

OSLO

La ciudad de Oslo lloraba una lluvia fina bajo el cielo como un sudario. Las ciudades tienen alma, desde luego, y contagian sus estados de ánimo. Me pareció entonces como un llanto contenido, que se expresa en chaparrones lentos.

Han de haber resultado particularmente trágicos y perturbadores unos atentados tan salvajes, cometidos por un noruego corriente. Si bien Noruega es el país de los vikingos, famosos en el pasado por sus expediciones de saqueo, su historia reciente atestigua su claro compromiso por la paz. También fue un noruego, hijo de Erik el Rojo, quien "descubrió" el continente americano. A partir de la segunda guerra mundial, Noruega ha luchado por la conciliación mundial a través de la Sociedad de Naciones y por los refugiados, en organismos como la Cruz Roja. La oficina internacional para los refugiados Nansen (en honor del premio Nobel Fridtjof Nansen, naturalista, político y escritor) también recibió el premio Nobel de la Paz en 1938.



Nuestro particular Virgilio se llamaba Amanda, noruega de origen francés e italiano.El 25% de la población de Oslo es inmigrante: pakistaníes, somalíes, suecos y cingaleses son minorías importantes. Oslo es la capital escandinava que crece más rápido, tal vez demasiado rápido. Su área metropolitana cuenta con un millón cuatrocientas mil personas, más de un cuarto de la población nacional. Desde el 2004, fecha en que se añadieron a la Unión Europea los países bálticos y Polonia, ha crecido la inmigración de estos países.

Amanda decía "collina" en lugar de "colina", también ella parecía triste. Bajo estas líneas, la fortaleza de Akershus, del siglo XIV, vista a toda prisa.



Frente al Teatro Nacional, bajo el nombre de Holberg, una gran luna rota, parcheada con cinta para que no salte, como único síntoma material de la pasada explosión, provocada por ese loco asesino, por ese "salvapatrias" y "redentor cruzado de la cristiana Europa". En el pedestal de Ibsen también se mustian flores. El edificio data de 1899. Las figuras de Henrik Ibsen, el autor de Peer Gynt y Casa de Muñecas, y de Bjoernstjerne Bioenrnson recuerdan el apogeo moderno de la escena noruega. El interior merece ser visitado.


La plaza del Ayuntamiento, un aburrimiento de ventanas recalcitrantes. Solo el reloj astrológico pone broche en esa inmensa barbacoa en cuyo interior, inmenso y bien decorado salón, se entregan los nobeles de la paz. La galería exterior se adorna con toscos emblemas tradicionales de viejas leyendas nórdicas.





El rey Christian IV de Dinamarca y Noruega renombró a esta ciudad Christiania, nombre que mantuvo hasta 1925. Christian IV (1596-1648) fue el rey danés que reconstruyó Oslo tras el incendio de 1624, fundando las ciudades de Kristiansand y Kongsberg, al estilo renacentista.

Bjoernson llamó a Oslo "la ciudad de los tigres" porque la percibía como un lugar frío y peligroso. Knut Hamsum la retrató como ciudad de los mendigos. Pero las bolsas de petróleo del Atlántico Norte (Mar Noruego, dicen ellos) ha entronizado a los noruegos entre los ciudadanos más ricos del mundo. No es de extrañar que no quieran compartir su mesa con los pobres. Y Noruega se mantiene fuera de la Unión Europea y del espacio del Euro, aunque dentro del espacio Shengen.


Dicen que los noruegos no ven a Oslo como parte de la Noruega tradicional, sino como algo más cosmopolita, o tal vez confuso e independiente. Bergen es la verdadera capital comercial, y Nindaros (Trondheim) la religiosa.



La Universidad de Oslo es de las más jóvenes de Europa, fundada en 1841. La imagen de arriba corresponde a la facultad de derecho. Antes, en 1814, Noruega alcanzó la independencia respecto de Dinamarca, con la que estuvo monárquicamente casada durante cuatro siglos.


Lo mejor fue el paseo por el Museo Popular Noruego, la visita a la Iglesia de Gol (s. XIII), una Stavkirke medieval, desmontada en 1884 y reconstruida en el museo de Oslo, que pertenece oficialmente al rey de Noruega. En Minot, Dakota del Norte, en EEUU, una localidad con herencia noruega, hay una réplica de la iglesia de Gol, y otra en el parque Epcot, en Orlando, Florida. Mirando en el interior de estas viejas casas de madera, uno puede hacerse una idea de lo difícil que resultaba la vida de los vikingos, y de su ingenio para construir sin clavos y resistir el frío invierno nórdico.








El parque de Gustav Vigeland (1869-1948) es otra cosa. La escultura humanista de Vigeland, muy influida por la de Rodin, recrea la figura humana en formas poderosas, rotundas y familiares. En este parque, doscientas esculturas describen la vida humana de un modo muy expresivo.