viernes, 19 de agosto de 2011

OSLO

La ciudad de Oslo lloraba una lluvia fina bajo el cielo como un sudario. Las ciudades tienen alma, desde luego, y contagian sus estados de ánimo. Me pareció entonces como un llanto contenido, que se expresa en chaparrones lentos.

Han de haber resultado particularmente trágicos y perturbadores unos atentados tan salvajes, cometidos por un noruego corriente. Si bien Noruega es el país de los vikingos, famosos en el pasado por sus expediciones de saqueo, su historia reciente atestigua su claro compromiso por la paz. También fue un noruego, hijo de Erik el Rojo, quien "descubrió" el continente americano. A partir de la segunda guerra mundial, Noruega ha luchado por la conciliación mundial a través de la Sociedad de Naciones y por los refugiados, en organismos como la Cruz Roja. La oficina internacional para los refugiados Nansen (en honor del premio Nobel Fridtjof Nansen, naturalista, político y escritor) también recibió el premio Nobel de la Paz en 1938.



Nuestro particular Virgilio se llamaba Amanda, noruega de origen francés e italiano.El 25% de la población de Oslo es inmigrante: pakistaníes, somalíes, suecos y cingaleses son minorías importantes. Oslo es la capital escandinava que crece más rápido, tal vez demasiado rápido. Su área metropolitana cuenta con un millón cuatrocientas mil personas, más de un cuarto de la población nacional. Desde el 2004, fecha en que se añadieron a la Unión Europea los países bálticos y Polonia, ha crecido la inmigración de estos países.

Amanda decía "collina" en lugar de "colina", también ella parecía triste. Bajo estas líneas, la fortaleza de Akershus, del siglo XIV, vista a toda prisa.



Frente al Teatro Nacional, bajo el nombre de Holberg, una gran luna rota, parcheada con cinta para que no salte, como único síntoma material de la pasada explosión, provocada por ese loco asesino, por ese "salvapatrias" y "redentor cruzado de la cristiana Europa". En el pedestal de Ibsen también se mustian flores. El edificio data de 1899. Las figuras de Henrik Ibsen, el autor de Peer Gynt y Casa de Muñecas, y de Bjoernstjerne Bioenrnson recuerdan el apogeo moderno de la escena noruega. El interior merece ser visitado.


La plaza del Ayuntamiento, un aburrimiento de ventanas recalcitrantes. Solo el reloj astrológico pone broche en esa inmensa barbacoa en cuyo interior, inmenso y bien decorado salón, se entregan los nobeles de la paz. La galería exterior se adorna con toscos emblemas tradicionales de viejas leyendas nórdicas.





El rey Christian IV de Dinamarca y Noruega renombró a esta ciudad Christiania, nombre que mantuvo hasta 1925. Christian IV (1596-1648) fue el rey danés que reconstruyó Oslo tras el incendio de 1624, fundando las ciudades de Kristiansand y Kongsberg, al estilo renacentista.

Bjoernson llamó a Oslo "la ciudad de los tigres" porque la percibía como un lugar frío y peligroso. Knut Hamsum la retrató como ciudad de los mendigos. Pero las bolsas de petróleo del Atlántico Norte (Mar Noruego, dicen ellos) ha entronizado a los noruegos entre los ciudadanos más ricos del mundo. No es de extrañar que no quieran compartir su mesa con los pobres. Y Noruega se mantiene fuera de la Unión Europea y del espacio del Euro, aunque dentro del espacio Shengen.


Dicen que los noruegos no ven a Oslo como parte de la Noruega tradicional, sino como algo más cosmopolita, o tal vez confuso e independiente. Bergen es la verdadera capital comercial, y Nindaros (Trondheim) la religiosa.



La Universidad de Oslo es de las más jóvenes de Europa, fundada en 1841. La imagen de arriba corresponde a la facultad de derecho. Antes, en 1814, Noruega alcanzó la independencia respecto de Dinamarca, con la que estuvo monárquicamente casada durante cuatro siglos.


Lo mejor fue el paseo por el Museo Popular Noruego, la visita a la Iglesia de Gol (s. XIII), una Stavkirke medieval, desmontada en 1884 y reconstruida en el museo de Oslo, que pertenece oficialmente al rey de Noruega. En Minot, Dakota del Norte, en EEUU, una localidad con herencia noruega, hay una réplica de la iglesia de Gol, y otra en el parque Epcot, en Orlando, Florida. Mirando en el interior de estas viejas casas de madera, uno puede hacerse una idea de lo difícil que resultaba la vida de los vikingos, y de su ingenio para construir sin clavos y resistir el frío invierno nórdico.








El parque de Gustav Vigeland (1869-1948) es otra cosa. La escultura humanista de Vigeland, muy influida por la de Rodin, recrea la figura humana en formas poderosas, rotundas y familiares. En este parque, doscientas esculturas describen la vida humana de un modo muy expresivo.



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