Desembarcamos en Olden en lanchas, con una logística impecable, casi militar.
Olden es un pueblito del fiordo del norte (Nordfjiord), tan pequeño que apenas aparece en las guías, sino asociado al Briksdalsbreen, una de las lenguas más fotografiadas del glaciar Jostedal (Jostadalsbreen), el mayor glaciar de la Europa continental, con una extensión de 487 kms. cuadrados, mayor que la de Andorra. El hielo alcanza en algunas partes más de cuatrocientos metros de profundidad, a 2000 de altitud.
La excursión hasta la lengua del glaciar en el Balle de Briks (de propiedad privada) lleva una caminata de una hora, por bosques y prados de un verde jugoso y perpetuo, a través de la garganta del arroyo en que desagua el deshielo, formando pulcras corrientes y cataratas. Quienes no quieren sufrir los rigores de la cuesta arriba, pueden hacer parte del trayecto en cochecito.
Tiene razón Mario del Rosal (Noruega, Guía viva de Anaya, 2010), acercarse a un glaciar por primera vez es como descubrir el mar. Los sentidos no se creen que esa gigantesca masa blanca y azul pueda estar ahí y viajar uno o dos metros cada día, como el cuerpo de una
lenta serpiente gigante y mítica. Desde lejos se puede oír el crujido de su movimiento erosionante, uno imagina entonces qué fuerzas titánicas, mayores incluso que ésta, esculpieron los fiordos en la Edad del Hielo, abriendo enormes abismos en el
corazón de las durísimas montañas de basalto y granito, hasta el mar.
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