domingo, 17 de abril de 2011

Huéscar


La Sagra

Huéscar (del íbero Úskar), mira el mundo desde su antigüedad prerromana, y desde su altura de 950 mts. sobre el nivel del mar, como capital de una extensa comarca rural, ganadera y forestal.

La Sagra -ese imponente monte- sirve de icono a la Mancomunidad de desarrollo rural. Confiemos en que ese "desarrollo" sea sostenible y preserve para los nietos el patrimonio paisajístico, natural y cultural, que disfrutaron los abuelos, la biodiversidad y los usos y costumbres locales, sin duda muy alejados del estrés que acosa a los "desarrolladísimos" urbanitas de las metrópolis presentes, cuyo aire y atmósfera resulta tan viciado como violento.

Este rincón septentrional de la provincia de Granada es un altiplano entre sierras inexpugnables, la de Segura y Sierra Nevada, y una encrucijada entre las provincias de Jaén, Almería y Albacete, al amparo de la Sierra de la Encantada. Huéscar se construyó a orillas del río Barbatas, en un lugar estratégico de la ruta que va desde las Andalucías al Levante, o viceversa.


No le faltan a su urbanidad torres nazaríes, casas señoriales y blasones de viejos señores de la guerra, ni siquiera alardes modernistas. Ni a la artesanía local originales telas y muebles, trenzados con esas maderas de cupresácesas heroicas que sobreviven al frío y al viento, por encima de los mil metros, arrastrando sus troncos y ramas, sus hojas y frutos, por las laderas de los montes, sobre las heridas de las piedras.

No faltan en Huéscar callejones de sabor moruno, como el de la Quica de la foto de arriba.

En la plaza mayor, todos los edificios hacen juego, excepto uno, uno de esos de los años del desarrollismo, que habría que derribar, por feísimo. Por encima del kiosco de la música, humilde pero decoroso, adornado con macetas de geranios, se asoma la luna fría.

Y también tiene Huéscar su plaza de toros. Donde no se asesinan animales, como creen los "animalistas", tan urbanitas y sensibles ellos, sino que se sacrifican dioses-tótem, en honor del humano valor y del sublime arte de torear.


Ni faltan en el municipio de Huéscar yacimientos arqueológicos, huellas prehistóricas y romanas.

Posiblemente sea en el famoso yacimiento de Orce, al sur, donde en la actualidad se descubren los enigmas y arcanos del pasado más remoto del homínido europeo.



No nos faltó a nosotros alojamiento decoroso ni mesa bien servida, a precio razonable. La culinaria de Huéscar mezcla la del levante con la manchega, y no faltan ecos de la culinaria navarro-aragonesa, de quienes reconquistaron estas tierras a finales de la Edad Media. La verdura que da la tierra, la carne de cerdo y de cordero segureño, y las conservas tradicionales...

No nos faltaron a nosotros buenos anfitriones, con los que pudimos visitar las "mariantonias", unas secuoyas que prestan un pintoresco y exótico atractivo a estos parajes naturales hermosísimos, donde también maduran uvas con que se hace el vino más alto de Europa.

Entre los monumentos cristianos destaca la Colegiata de Santa María la Mayor, que es un templo de finales del gótico y del principio del renacimiento (XVI). El templo fue construido nada más y nada menos que bajo la dirección de Diego de Siloé.


Mientras visitábamos su interior, algunas personas de bien daban un pésame a los dolientes, después de un funeral por un ser querido.

En Huéscar se celebran con misas, pero también con desfiles de cabezudos y verbenas sonadas, las fiestas de sus patronas, las santas niñas Alodía y Nunilón (¡vaya nombrecitos!) que, según la tradición, hijas de padre moro y de madre cristiana, murieron mártires por perseverar en su fe cristina y no querer hacerse "maulas".


Gárgola modernista

Secuoyas


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