viernes, 30 de abril de 2010

Cuenca

Máximo Lameiro, director teclista de Discretio (ahora, La Escalera), refiriéndose a Cuenca:

«Casi puedo 'ver' la escena como si fuera hoy. Era algo sumamente poético generado por el azar: ¡el frente de una casa ya demolida con el precipicio y la naturaleza detrás! Una imagen de nosotros mismos.. de eso que el budismo japonés llama 'mujo', es decir, la insustancialidad de la vida.»

Max es psicólogo, comunicólogo y teósofo bonaerense, y nos cuenta sus recuerdos de un viaje por España, hace veinte años...

«Mi padre estaba exiliado allá y cuando fui a visitarlo hicimos un 'tour' en automóvil por casi toda España».

La única imagen visual que Max conserva de Cuenca se parece en algo a esta que tomé de la torre incompleta de su catedral, diez años después (1993). El hecho de que sea la torre de un templo añade fuerza religiosa al símbolo.




Lo sorprendente, lo maravilloso, es que, hace casi exactamente veinte años, como Max, también yo visité Cuenca, aunque no fuese por primera vez, en agosto de 1983. Y dejé escrito lo siguiente:
«La naturaleza es sencillamente. No es nada más. Está pidiendo un orden. La naturaleza ordenada es el capricho y la necesidad histórica del hombre»
Creo que se trata de la misma visión desde distinta perspectiva. No veo yo el abismo por detrás de la humana construcción, sino el cielo. Insisto en la exigencia creadora que nos impone la naturaleza; pero Max, muy acertadamente, en la fragilidad de dicha construcción.

¿Qué durará ese orden, esa forma con que iluminamos y humanizamos la naturaleza? Tal vez no más de lo que dura un suspiro de los dioses... Sé bien a qué velocidad las higueras cimarronas asaltan y destruyen las ruinas de los cortijos y revientan los sólidos muros de piedra; con qué facilidad hongos, animales y plantas, recuperan el terreno perdido; cómo no dura más que un día la obra humana si no se la cuida y atiende.

Parte de la fachada de la catedral de Cuenca se destruyó, al hundirse en 1902. La catedral de Cuenca es la única española que originalmente se construyó en gótico anglo-normando, promovida por los asesores de la reina Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII (1158-1214). El rey instaló aquí su corte durante diez años.

La catedral tuvo una fachada del XIV, sustituida por otra del XVI. Antes de 1902 la catedral perdió las dos torres de su fachada, quedando hoy sólo, como único recuerdo, la parte inferior de la Torre del Ángel. Transparencia del ángel. Su ser intermediario, demónico, abre la puerta a otra dimensión.

J. Biedma

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