viernes, 26 de febrero de 2010

Berlanga del Duero y Calatañazor

Berlanga del Duero está en la provincia de Soria

En la Historia de la lengua española de Rafael Lapesa, que los alumnos del temible catedrático, y riguroso erudito, don José Mondéjar estudiábamos de memoria en la facultad de hispánicas de Granada, Vicente y yo habíamos aprendido que seguramente la raíz "Langa" fuese de origen ligur. Los topónimos "Langa" de Soria, Zamora, Cuenca y Ávila, el "Berganza" de Ávila y Toledo, se corresponden a los "Langa", "Bergenza" y "Toleto" del Piamonte y Lombardía. La lengua de los ligures, no indoeuropea en su origen, sufrió la influencia de los ilirios, según unos, y de los Ambrones, según otros.



Hambrón sí que era nuestro buen amigo Antonio, al menos por entonces... Volviendo a la filología, recordaremos que las lenguas ligures o ambro-ilirias eran precélticas en nuestro solar. La interpenetración y superposición de distintas gentes y lenguas debió de ser grande en toda la Península desde antiguo, según nos recuerdan los sabios y olvidan con tanta soberbia y desvergüenza los defensores de las purezas étnicas.

Frente a las tesis de una primitiva inmigración precéltica (ilirio-ligur o ambro-iliria), hay quienes sostienen que los más antiguos indoeuropeos que se instalaron en la península fueron protoceltas... Lo cierto es que en las inscripciones prerromanas de Hispania y en la más vetusta toponimia de sus pueblos hay rasgos lingüísticos ajenos al arquetipo celta.

Cuando llegamos a Berlanga del Duero era día de mercadillo. Le compramos a mi hijo una ametralladora, política y hasta educativamente incorrecta, es verdad. Vimos, tal vez en el ayuntamiento, un vídeo sobre la zona, demasiado general y excasamente informativo, más bien publicitario.

Parece que por aquí destilan romero, ros marinus, aliento del mar, tan adentro... y también la esencia olorosa del espliego (ahora todo el mundo llama "lavanda", al espliego, al que confunden con el cantueso).

¡Qué bellos palomares! Es una lástima que esta industria haya sido abandonada. Los columbarios que sobreviven, ruinosos, habitados a veces por torcaces, son preciosos. Me traen recuerdos de mis palomos ladrones.

La colegiata de Berlanga, bajo la ojiva de piedra milagrosamente conservada, esperando mi foto, al fondo, se acomoda bien a la monumentalidad titánica de mi amigo ligur, por las seis columnas sobre las que descansa su estructura.

Los soportales de la plaza mayor son de tabla. En Úbeda, tan castellana como andaluza, se llaman "portalillos".

Nos hacemos unas fotos en el descampado, con restos de antiguos anexos a la fortaleza, junto a un almendral ameno.



Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor.
En nuestra ruta por las tierras sorianas decidimos entrar a Calatañazor. El adiestramiento infantil cuenta mucho. Todavía recordamos que en estos campos "Almanzor perdió el tambor". Desde la peña de este pueblo soriano, la vista de los campos de cereal, amarillos a principios de agosto, resulta impresionante. La cámara no puede contener la inmensidad presentida del cielo castellano, en afinidad con esas inmensidades que se pierden en su horizonte. El planeta cae casi a nivel, desde el castillo, como una fortaleza natural; verosímil, que Almanzor desistiese de tomar la plaza, al considerar las numerosas bajas que le costaría...
Mi amor siente vértigo, va embarazada.



La pequeña iglesia de Calatañazor guarda algunas joyas: una Virgen flamenca, algunos retablos, un curioso Cristo tenebrista, una extraña Madonna con adornos egipcios...

Bajar del pueblo a través de una calle estrecha y empinada parece tránsito medieval.

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