sábado, 13 de febrero de 2010

Barcelona. Jornada Segunda


Al contrario que Dios, el ser humano no crea de la nada, pero algunos artistas geniales son capaces de dar a la tradición una impronta original, inédita. Así, está el que imita el gótico y hace "neogótico", y el que hace del neogótico algo tan personal como inimitable. Es el caso de Gaudí.
Tampoco es despreciable el pálpito entre tosco y rotundo de Subirachs.
El Temple Expiatori de la Sagrada Familia, no sólo aspira a ser emblema de Barcelona porque resulta de la misma inspiración que elevó las catedrales mientras Tomás de Aquino escribía sus Summae.
Visitamos el templo de la Sagrada Familia, en familia, el día de la Sagrada familia, 27 de diciembre. No es más que una chiripa de esas que daban que pensar a los surrealistas.




Desde él puede comtemplarse el mar y la torre Agbar, "obelisco futurista de Jean Nouvel" que ejerce sobre mi amiga Encarnación un efecto hipnótico. No desentonan sus transparencias cromáticas contra el azul del mar en este día de invierno claro.
No se pueden diseñar estas cosas sin fe, sin ideales, ni realizarse sin sacrificio. Estas obras futuristas tienen también algo de arcaico, de genuino, de trágico
La fachada del Nacimiento nos ha resultado (a Antojo y a mí) demasiado abigarrada, como si la idea acabara por esconderse en la espesura.



Nuestro paseo desde la Sagrada Familia hasta la Plaza de Toros, hasta La Monumental, tenía un sentido simbólico. Manifestación a contracorriente, a favor de la Fiesta de los bravos. Desde el cristianismo al paganismo, reivindicación de todas las tradiciones en esta época de animalismo gazmoño, época del já-já jí-jí enlatado, carente de sensibilidad para la tragedia, época de analgésicos y de multitudes anestesiadas..., ese animalismo sensiblero, mariquita, suele acompañar al antihumanismo más desesperado: "aborto sí, sacrificio tauromáquico no". "¡Pobres toros!". ¡Qué sabrán de toros y de vacas estos urbanitas que creen que puede hacerse una tortilla sin romper un huevo o que los pollos que comen nacen, ya desplumados, en las góndolas y congeladores de los Supermercados. ¡Cómo si pudiera haber vida sin sufrimiento y sin dolor, o intenso placer sin sacrificio!
Contra el nuevo puritanismo analgésico y la nueva hipocresía melodramática y "progre" que nos invaden, oigamos el lúcido hedonismo del libertino Casanova: "Es imposible sentir a fondo un placer si no lo ha precedido algún dolor, y la intensidad del placer está en proporción al dolor sufrido" (Historia de mi vida, I, IV).
De estilo neomudéjar y bizantino, La Monumental fue inaugurada en 1914 y caben en ella casi 20.000 personas. Da una idea de la importante afición taurina en Barcelona el hecho de que cuando se construye con el nombre de Plaza de El Sport, existían ya otros dos importantes cosos taurinos en Barcelona: la Plaza de El Torín (conocida también como plaza de la Barceloneta, construida en 1834) y la Plaza de las Arenas (en la Plaza de España, fundada en 1900). José Tomás llenó esta plaza en 2007.

Antes de regresar al hotel, todavía nos da tiempo a disfrutar, en tres dimensiones, de la película de J. Cameron, Avatar, un excelente espectáculo. Ya de regreso al hotel, aún nos resulta impresionante la iluminación navideña del Majestic. Cenamos muy bien en Divinus en la calle Roselló, atendidos por un camarero indio de la India, a un precio razonable. Me acuerdo del origen sanscrito del término "avatar"... ¿Reencarnación? Si pudiera elegir reencarnarme en un toro bravo o un toro de carne, sin duda eligiría el bravo, cinco años de libertad, y unos minutos de gloria.

Tras breve descanso, damos un largo paseo hacial el barrio rebelde. Me parece perfecto ascender por la calle Balmes. Gràcia tiene su gracia. Parece un pueblo pegado a la ciudad por el Ensanche (Eixample). Y en efecto fue una villa de artesanos y obreros absorbida por Barcelona hace un siglo.
Me hacen una foto en la plaza del Diamante sosteniendo la nalga de una anoréxica encastrada en un triángulo de metal.
Quedo conmigo mismo en buscar la novela de Mercè Rodoreda, La plaça del Diamant (1962). Me llevo la imagen de este pueblo adosado a la gran ciudad para ilustrar mi lectura en el recuerdo.
Volvemos, en dirección al mar por la Vía Augusta.

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