sábado, 20 de febrero de 2010

Barcelona. Jornada cuarta

Un edificio que se llama "La Virtud". Eso confirma al paisaje urbano (político) como un paisaje "ético". Pero me temo que La Virtud nombre a una compañía de seguros. Con la panza llena, nada parece tan excelente como  Seguridad. La Divina Providencia se llama hoy Progreso y el burgués lee al mediodía las cotizaciones de Bolsa en lugar de rezar el Ángelus. La Fe se llama Crédito, y mide lo mismo unidades financieras que sapienciales, vale por eso tamibién para la Universidad.
La Pompeu Fabra, tan prestigiosa, estaba cerca de nuestro hotel, la de la foto puede ser la Autónoma. Pero no tenemos tiempo para comprobarlo...
Entramos en el mercado que lleva mi nombre en catalán, la Boquería de St. Josep. Dan hambre los puestos en que se ofrecen todas las delicadezas del mundo para el paladar. Y por fin puedo ver el aspecto de los litchis, libres de almíbar y de la copilla niquelada de los restaurantes chinos. Tienen un color bonito, un carmín apagado con toques naranjas y amarillos. Al parecer, esta fruta china se cultiva con éxito en Málaga desde 1996. Desgraciadamente, las fotos de los puestos no salen bien. Ni siquiera esa de los cuatro lechones congelados con cara de inocencia... Compramos butifarras en una charcutería, la señora reparte chacinas con la misma soltura que regala simpatía.
La gente se gana la vida como puede, pero resulta un poco indigno eso de convertirse en objeto de contemplación ociosa; gandulería exigente. ¡Lo que hay que hacer para no hacer nada! Pasa lo mismo con la diversión, ¡resulta tan cansada! Uno de los mimos de las Ramblas me riñe con un gesto muy profesional, porque fotografío sin "retratarme". No sé si alguien sigue entendiendo esta expresión de "retratarse" como sinónimo de pagar...
Si no sabes lo que regalarle, págale unas flores. Escoge el color según la intención, si erótica, roja; si amistosa, mejor blanca.  
Los recientes escándalos no deberían ensuciar la espléndida historia del Liceo barcelonés. Un teatro pagado por los particulares, sin palco real, en el solar de un antiguo convento de trinitarios. Su nombre originario: Liceo Filarmónico Dramático de S.M. la Reina Isabel II, lugar de encuentro de la aristocracia y la burguesía locales. Abrió sus puertas en abril de 1847. 










Las mujeres se empeñan en comprar una camiseta que habíamos visto la jornada anterior en el Maremagnum. "Si tu mujer te pide que te tires por un tajo, pídele a Dios que sea bajo". Descanso y tomo el dulce sol de invierno, mientras desandan la Rambla del Mar. La luz es perfecta para una foto a esta boya tan singular, que no sé bien qué significa.Tiramos hacia el Paralelo o Paral-lel. Por aquí dejaron tres chimeneas industriales como motivo decorativo de un pequeño parque, junto a un edificio cúbico sobre un estanque. Arqueología industrial. Los vecinos de enfrente reclaman un barrio digno con banderas del Barça. 
La idea es coger el funicular y luego el teleférico para subir al Castillo de Montjüic.
En una de las educadas colas, me entretengo charlando con un señor catalán, lleva a su nieta de la mano, una niña morena y preciosa. Le digo que me da envidia por eso, que mis hijas no están todavía por la labor de hacerme abuelo. El abuelo se ha enfadado mucho porque la gente que ha pagado con tarjeta se ha saltado la cola. Eso no le ha parecido justo y así lo expresa.  A pesar de mostrarse algo gruñón, me parece simpático. Nos da algunas instrucciones para que disfrutemos de la excursión. 
Los jardines del foso del castillo están muy cuidados. Y las vistas desde la ciudadela son extraordinarias.Descansamos en los bancos y tomamos un bocadillo en un kiosco. Un gato merodea buscando nuestras migajas. El tiempo se estropea.

Una vez bajamos del teleférico, buscamos el Estadio Olímpico. Le damos la vuelta; está cerrado. Por detrás está el nuevo Jardín Botánico, pero no parece haber fuerzas para tanto. En los servicios puedo fotografiar a una hermosa araña.
L'Anella Olímpica tiene su encanto, duro, zen o minimalista, aunque no le veo la gracia a esas chimeneas amarillas. Me emociona, y mucho, esa conjugación perfecta de modernidad, tecnología y belleza, de la Torre de Comunicaciones de Telefónica diseñada por Santiago Calatrava. 
El Palau Sant Jordi es estupendo para oír música, o eso dicen. Fue construido por un arquitecto y un ingeniero japonés. También cuentan que su forma recuerda la de un dragón dormido. Yo no veo el dragón por ninguna parte.


El Museo Nacional d'Art de Catalunya conserva una de las mejores colecciones de arte románico del mundo, con una extraordinaria serie de murales del siglo XII, con el magnífico pantocrátor de San Climent de Tahüll.
Desde sus escalinatas se puede disfrutar de una vista extraordinaria de la Avenida de la Reina María Cristina y de la Plaza de España. Un buen guitarrista funde el flamenco y el jazz, mientras los turistas descansan.


Debajo nos queda la fantástica sorpresa de una réplica bien sólida de la puerta de San Vicente de las murallas de Ávila. Dentro, un Pueblo Español construido con casas e imitaciones de casas de todos los rincones de la península, cuyo resultado es, sorprendentemente, muy armónico. Por fin la vertebración, siquiera arquitectónica, de España.
Descubrimos una casa de Úbeda que sirve de taller del vidrio. Me encanta que lleve alicatado en la fachada el nombre de HERMANDAD. El escudo es del siglo XVI, y la casa se llama "Nínica". Compro allí un caracol artesano para una amiga.

Por fin, bajamos hacia la Plaza de España, dejamos la Plaza de toros de las Arenas a la derecha y bajo una fina lluvia contemplamos la escultura de Miró: Mujer y pájaro. La dama i l'ocell, alegre, surrealista y erótica.
Esa noche cenamos muy bien, en plan castizo, en la Penya Barcelonista Joan Gamper, en la calle Rosselló, buena la Esqueixada de bacalao y buena la barbacoa. No falta la cerveza de abadía Leffe.


1 comentario:

Beatriz dijo...
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