viernes, 14 de marzo de 2008

Agrigento




El famoso ángulo de los Dióscuros (arriba) le sirve de emblema. Quien visite Agrigento hallará cuatro ciudades distintas. La menos interesante es la moderna de cemento. El laberinto medieval de Girgenti recuerda a una medina árabe. A los pies de éste, en un valle, cerca del mar, la antigua ciudad griega: Akragas, a la que Píndaro definió como "la más bella ciudad de los mortales". Sobre ella, y junto a ella, la romana Agrigentum.


Las ruinas de Akragas, el Valle de los Templos (Valle dei Templi) ha merecido la consideración de "patrimonio de la humanidad". Junto a los olivos centenarios, uno puede recorrer las ruinas de los antiguos santuarios como en una milenaria procesión. En la parte más alta, el templo de Hera Lacinia, de mediados del s. V a. C. La atribución a Hera no es segura, el descubrimiento en 1928, en su celda, de una vasija con ninfas permitió especular con la idea de que hubiese sido dedicado a Poseidón. De sus 34 columnas originales permanecen 25 en pie.




La visión del llamado Templo de la Concordia transporta a otra época, en la que se hizo sobria armonía religiosa el sentido racional y geométrico de los griegos. Vigor equilibrado. Gracia estable. Es uno de los templos mejor conservados de la Antigüedad, gracias a que fue convertido en iglesia cristiana en el VI d. C. La integración conserva. No se sabe realmente a quién fue dedicado, en estilo dórico, cuatrocientos cincuenta años antes del nacimiento de Jesucristo. Debe su nombre de "templo de la Concordia" a una inscripción latina encontrada en las cercanías, ¿o tal vez al hecho de que inspiró a los romanos esta hermosa virtud política?


En la época de los antiguos tiranos, Akragas llegó a tener 200.000 habitantes. Se me ponen los pelos de punta pensando que Empedokles, el legendario taumaturgo, el liberal orador, el médico inspirado, síntesis culminante de todas las tendencias espirituales de la Magna Grecia, rozó con su manto estas columnas, esa "musa siciliana" (como le llamó Platón) miró con sus ojos estos mismos tímpanos, cornisa, metopas, triglifos, arquitrabe, ábacos, equinos, collarinos y fustes tallados en arista viva, que contemplan los nuestros.


Más adelante reposa un gigante en el suelo, se trata de la reproducción de uno de los telamones o atlantes que sostenían el templo de Zeus Olímpico, una de las maravillas de la Antigüedad. Tiene once metros de altura, ¡las columnas tenían 17 mts! En la "sala del gigante" del Museo Archeologico Regionale, muy cerca de aquí, puede hallarse a su compañero original. También hallará el viajero allí una bella estatua del V a. C. llamada el Efebo de Agrigento.

Muy cerca las ocho columnas del templo de Hércules siciliano (Herakles), en dórico arcaico (VI a. C.), levantadas a principios del XX tras haber sido víctimas de un terremoto. Frente a ellas, en la zona de descanso, nos fotografiamos con Pabel y Alicia, mientras cae una lluvia fina del último día de diciembre.

Como es Navidad, en la Iglesia de Santa Maria dei Greci, con fachada gótica, pero levantada sobre un templo dórico, en la ciudad medieval, han levantado un rústico belén. En el interior se celebra un bautizo, incluso el fotógrafo reza y se persigna. El Duomo normando está cerrado, en restauración. Su campanario gótico-catalán nunca fue terminado.




Hacemos tiempo en un ciber. ¡Nos piden las tarjetas de identificación y nos cobran 6€ la hora! Una buena clavada por el lujo y la vanidad de enviar unos emilios a los amigos desde Agrigento; tal vez les quede un resto de compasión hacia los turistas porque nos invitan a un té caliente. El subir y bajar tantas escaleras nos ha dado hambre: comemos discretamente en la pintoresca Ambasciata di Sicilia, en el centro de la ciudad. Bien está lo que bien acaba. Luego, antes de acostarme, desde la ventana del hotel, miro la piedra amarilla del Valle de los Templos, piedra sobre piedra, los restos del naufragio iluminados, las osamentas del aquellos gloriosos tiempos de la Akragas de Empédocles, cuando su armada, aliada con Siracusa y Gela, derrotó a los fenicios en Himera (480), afirmando la hegemonía griega en Sicilia. Setenta y cuatro años después (406), los mismos fenicios se tomarían la revancha, la suntuosa Akragas fue saqueada y sus fortificaciones abatidas. Siglos después, los bizantinos aún reconstruirían las defensas de la ciudad, los ojos de sus restos nos miran desde nuestro mar. El mar en el que tomaron forma las mejores ambiciones humanas, el origen de la civilización: teatro, ciencia y democracia.



(todas las fotos son del autor: José Biedma)

No hay comentarios: