jueves, 27 de agosto de 2015

POR TIERRAS DE BRETAÑA Y NORMANDÍA (I). De París a Bretaña

Comenzamos el viaje al sur de París, en la Puerta de Orleans, que en tiempos fue una de las 17 vías de acceso a la vieja ciudad amurallada. El lugar es célebre por ser el punto que el general Leclerc escogió para iniciar la liberación de París el 24 de agosto de 1944, hace 71 años, tras el desembarco de Normandía. Algo menos conocido es que en la gesta participó una División de republicanos españoles, la Novena, comandada por el teniente Amando Granell. 

Sus miembros fueron los primeros en avanzar por las calles de la capital del Sena, en medio de los vítores de los parisinos. El régimen franquista, por razones obvias, silenció este episodio que tanto honraba a sus enemigos políticos. Al final del viaje tendremos ocasión de volver a hablar de grandes ejemplos de coraje y valentía de que dieron  muestra hombres y mujeres de todas partes del mundo durante la Segunda Guerra Mundial.
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La primera etapa es Chartres, en la Isla de Francia, donde se originó la revolución del gótico que cambió completamente la faz de Europa. La historia de cómo adquirió su forma actual  la catedral de la Asunción de Nuestra Señora es realmente asombrosa. Se eleva sobre el mismo lugar en que posiblemente existió un altar druídico, erigido por el pueblo celta de los carnutes en honor de la diosa madre y que luego, con la habitual apropiación del espacio sacro del enemigo derrotado, se dedicó al culto mariano. La primitiva iglesia, que había sido construida en el siglo IV, pronto se convirtió en un importante centro de peregrinaciones. Resultó destruida en el siglo VIII  por el saqueo de los visigodos. El siguiente templo fue objeto del ataque de los normandos en el siglo IX y, en el siglo X, sufrió graves daños durante las guerras entre la nobleza, para finalmente perecer en un incendio a principios del siglo XI. Fue entonces cuando el obispo Fulberto ordenó que se erigiera una nueva catedral.

 Aunque el estilo dominante en la época todavía era el románico, lo cierto es que ya entonces estaba muy evolucionado. Junto con monstruos que advierten de los horribles castigos del infierno, podemos contemplar  la majestuosa serenidad de los rostros de los personajes del Antiguo Testamento en el Pórtico Real. 

En las arquivoltas se encuentran representados los doce signos del zodiaco y, correlativamente, las labores del campo correspondientes a cada uno de los doce meses del año. El teólogo Fulberto debió de ser una figura muy interesante y carismática: era ferviente seguidor de las doctrinas de Platón y Pitágoras y creó en Chartres una activa escuela a la que acudieron estudiantes de toda Europa.

En 1194 un rayo desató un incendió que consumió enteramente la ciudad, incluyendo gran parte de la catedral, si bien se salvó milagrosamente la reliquia de la Santa Camisa- la túnica de la Virgen traída de Tierra Santa, que había donado al templo Carlos el Calvo en el año 876-, gracias a que se conservaba en la cripta. Ello se interpretó como un signo de la voluntad divina de que la catedral debía reconstruirse con el máximo esplendor. La nueva basílica se consagró en el año 1260 en presencia del rey Luis IX el Santo. Entre las modificaciones más destacadas respecto a la estructura precedente se cuenta un espectacular rosetón, que inunda de luz y color el templo, por analogía a cómo los dones del Espíritu Santo se derraman sobre los fieles.

Tras el devastador incendio, la catedral románica había conservado solo una de sus torres. Mide 106 metros de altura y, con el fin de superarla, en el siglo XV se levantó otra con 115 metros, en estilo gótico flamígero. Esa falta de simetría  entre las torres otorga a la fachada un aspecto muy moderno y atractivo. El interior del templo, no obstante, conserva elementos místicos que lo anclan al medievo. Uno de ellos es el vitral de San Apolinar, dispuesto para que en el solsticio de verano, el día 21 de junio, un rayo de sol despliegue un efecto sorprendente sobre el suelo de la catedral. Un “milagro” de luz que muchos milenios atrás ya ocurría en los templos de la cultura megalítica ante nuestros ancestros, adoradores solares.


Otro elemento esotérico fundamental es el famoso laberinto que, lamentablemente, no pudimos contemplar, al encontrarse la catedral en obras de restauración, entre las que se incluye rescatar la policromía de las paredes interiores. Con 160 metros de diámetro, está compuesto de 11 círculos concéntricos que se despliegan en 264 metros de recorrido. Macrocosmos y microcosmos se dan la mano en estas figuras geométricas que remiten a dibujos mucho más antiguos, los que pueden verse en los petroglifos celtas.
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Nuestro segundo destino es Le Mans, en el País del Loira. Aunque sea principalmente conocida por su circuito automovilístico, donde se celebra la emocionante y peligrosa carrera de resistencia de las 24 horas cada junio, la ciudad ya vivió tiempos de esplendor en el siglo XIII.

 Su casco histórico es uno de los más bellos y mejor conservados de la región. De su poder en aquella época son muestra los numerosos palacios y las casas con el vistoso entramado exterior, un gozo para la vista del viajero cansado del aburrido cemento y ladrillo de las ciudades postindustriales. Gracias a su aire renacentista tan homogéneo, la ciudad ha sido escogida para rodar localizaciones de películas de época como Cyrano o La máscara de  hierro.

Las originales murallas que rodean la Ciudad Plantagenet, bellamente ornamentadas con motivos geométricos y florales, son mucho más antiguas. Pertenecieron a la ciudad galo-romana de Vindunum, como entonces se llamaba Le Mans, y se remontan al siglo III. 

En su día contaban con 26 torres adosadas para su defensa, de las cuales hoy solo se conservan 11 a lo largo de un recorrido de 1300 metros.Por la noche cuentan con una sugerente iluminación.


La catedral de San Julián, su primer obispo, es una de las más grandes de Francia y comparable en importancia artística a las de Chartres o Reims aunque menos conocida. Comenzó su construcción en el siglo XI, si bien no pudo finalizarse hasta el siglo XV, lo que hace que exhiba tanto rasgos románicos como góticos, a medida que algunas de las estructuras más antiguas se fueron renovando. La catedral muestra en su parte posterior un prodigioso encaje de arbotantes. Al caer el sol pudimos disfrutar de un inolvidable espectáculo de luces y sonido, La noche de las quimeras, proyectado sobre esa maravilla gótica.


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Partimos para Angers, otra preciosa ciudad perteneciente a los Países del Loira cargada de historia a sus espaldas. De origen galo-romano, fue la antigua capital de Anjou y está catalogada como Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad conserva las espectaculares murallas del castillo fortificado. Fue construido sobre el río Maine en el siglo XIII por orden de la reina Blanca de Castilla, madre de San  Luis IX, y se encuentra jalonado con 17 sólidas torres circulares. En los siglos posteriores los duques Luis I y Luis II de Anjou, así como el rey Renato el Bueno, llevaron en este castillo una vida de lujos cortesanos.


En el interior se exhibe hoy en día un verdadero prodigio, el Tapiz del Apocalipsis. La Teinture de 
L´Apocalipse se confeccionó en el siglo XIV por encargo del duque Luis I. Su extensión original era de 130 metros de longitud y 6 metros de altura, repartidos en 6 grandiosos tapices. En el siglo XVIII  trozos de aquella maravilla, entonces pasada de moda e inservible, sufrieron grandes daños al ser destinados a los fines más bajos. A pesar de ello lograron conservarse diversas partes que cubren una extensión de 101 metros de largo y 4.5 de alto. Es el más largo y antiguo de los que  existen en el mundo. No hay palabras para describir la originalidad con que los artistas que en solo siete años lo elaboraron, siguiendo los dibujos de Jean de Bruges, intentaron describir las visiones apocalípticas de San Juan en el Libro de las Revelaciones. Eran analogías de las grandes catástrofes que, para la vida de las gentes de aquella época, representaron las hambrunas, la peste y la Guerra de los 100 Años (1337-1453), que enfrentó a Francia e Inglaterra por la posesión de las tierras francesas.

Como técnica narrativa a veces recurrieron a inventos que nos parecen tan modernos como el cómic. De hecho, la palabra “cartón”, que alude al soporte con el dibujo que servía de base para tejer los tapices, es el precedente del término “dibujos animados”, como podemos comprobar si nos fijamos en la palabra inglesa “cartoon”.

En Angers tuvimos la oportunidad igualmente de visitar la catedral, dedicada a San Mauricio en el siglo XI y en la se dan cita sin estridencias el Gótico y el Renacimiento.

En la misma plaza de la Sainte-Croix nos sorprendió la  Maison d´ Adam, una esbelta casa renacentista de fachada cubierta de entramados y de enigmáticas figuras talladas en las vigas de madera. Es la más excepcional de las cuarenta casas en pan-de-bois (en soporte de madera) que conserva Angers. Toma su nombre de la pareja de Adán y Eva esculpidos junto al Árbol de la Vida, pero cuenta también con decoración vegetal y fantástica, como centauros, grifos y quimeras.


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 Avanzando por la región llegamos a Nantes, la antigua Naoed. Desde 1941 forma parte de los países del Loira aunque históricamente siempre estuvo encuadrada en Bretaña. Su nombre está vinculado al Edicto de 1598, por el cual el buen rey Enrique IV puso fin a las guerras de religión que ensangrentaron Francia durante tantos años.
Estatua dedicada a Ana de Bretaña en Nantes
Visitamos el castillo de los duques de Bretaña. Allí conocimos  la historia de un personaje omnipresente en la región, Ana de Bretaña, símbolo de la independencia bretona. Fue hija del rey Francisco II, cuya inteligente divisa era “Il n´est trésor que de liesse”(no hay tesoro como la alegría). Ana fue reina entre 1491 y 1514 gracias a sus sucesivos matrimonios con Carlos VIII y Luis XII. En los contratos nupciales la inteligente duquesa se aseguró de garantizar la soberanía de su amada Bretaña. Falleció en 1514 a los 37 años. Su hija Claudia, uno de los once vástagos que tuvo, contrajo nupcias con Francisco I, eterno rival del emperador Carlos V. En 1532 Francisco I consiguió forjar la unidad nacional al proclamar, ante el parlamento reunido en Vannes, nuestro próximo destino, la unión del reino de Bretaña con el de Francia.

La imponente fortaleza de Nantes fue construida en el siglo XV por el padre de Ana, Francisco II. Está rodeada de un doble sistema de fosos y se accede a la misma a través de dos gruesas torres gemelas. Alberga un palacio renacentista que se convirtió en residencia real en el siglo XVI. 

En siglos posteriores se utilizó como prisión y con fines militares. Pasamos un rato muy agradable tomando unos carísimos refrescos frente al precioso castillo, aunque el recuerdo mereció la pena.


La catedral de San Pedro y San Pablo comenzó a construirse en el primer tercio del siglo XV aunque no fue terminada hasta 1891. Tan largo periodo constructivo no  impide que muestre  un aspecto gótico bastante homogéneo, si bien se echa en falta la silueta más estilizada de otras catedrales de la región.

En el interior destaca el bello monumento funerario que la duquesa Ana hizo construir en memoria de sus padres, con las estatuas yacentes de Francisco II y Margarita de Foix flanqueadas por las virtudes.


Pero Nantes es también importante como lugar de nacimiento del genial Julio Verne (1828-1909), que vivió allí  hasta que marchó a estudiar Derecho a París. Cuánto talento y visiones del futuro debió de acumular mi admirado Jules Gabriel paseando por las bonitas calles de la antigua capital bretona. 

sábado, 7 de junio de 2014

Estambul / 5. Irenes

Hagia Irene 

La iglesia de Santa Irene ("Eirene" en griego es paz) fue construida en el siglo IV, en el lugar más antiguo de culto cristiano de Constantinopla, durante el reinado de Constantino I, y consagrada a la Santa Paz del Imperio. O sea, este hermoso templo fue a Bizancio lo que el Ara Pacis a Roma. Como la paz entre los humanos es efímera y su antagonismo persistente, la iglesia resultó destruida en la revuelta de Niká (532), pero Justiniano, que aplastó la revuelta con la inestimable ayuda de su mujer Teodora y su general Belisario, la restauró en 548.

La Iglesia Fue sede del patriarca de Constantinopla hasta la consagración de Hagia Sofia. Los sacerdotes, durante el culto, utilizaban el synthronon, cinco hileras de asientos encajados en el abside. Sorprendentemente, es la única iglesia de Estambul que no ha sido convertida en mezquita. Tras la iglesia, todavía puede atisbarse un patio donde descansaban, en sarcófagos de pórfido, los emperadores bizantinos. La mayoría han sido trasladados al Museo Arqueológico de Estambul.

Este magnífico espacio sagrado, de planta rectangular, con sus cúpulas descansando sobre la nave mayor, desnudo ahora de todo ornamento, es usado como sala de conciertos y exposiciones dentro del primer patio del palacio de Topkapi, dadas sus magníficas condiciones acústicas.


Me preguntaba si el nombre de esta iglesia tendría algo que vez con el de la primera emperatriz del imperio bizantino, Irene de Atenas. Pues no, a pesar de que la iglesia ortodoxa la proclamó santa.

En 534 el general bizantino Belisario toma Cartago y destruye el reino africano de los vándalos, quienes por cierto dieron nombre a "V-Andalucía", porque esta temible tribu bárbara saltó al norte de África tras haber atravesado como un ciclón destructor la península ibérica, y los árabes se acordaron de ello cuando hicieron lo propio, pero en dirección contraria...

En 535, Belisario invade Sicilia, Italia, y toma Roma. Dos años después se consagró Hagia Sofía (Santa Sabiduría) en Constantinopla. En 554 las fuerzas bizantinas se harán con el control de la bética y una parte de la antigua tarraconense, la costa murciana de nuestra península.


En 618, los últimos territorios bizantinos en la península ibérica fueron ocupados por los visigodos. Los árabes ya habían invadido Hispania, cuando en 752 Pipino se convirtió en rey de los francos. En dos campañas derrotó a los Lombardos. Entregó el exarcado bizantino de Rávena al papa en 756. Constantino VI, en la distante Constantinopla, estaba demasiado entretenido conteniendo a búlgaros y árabes como para guerrear también en Italia. Roma se fundó en el 753 antes de Cristo, y en el 752 después de Cristo el Imperio fue expulsado de Roma para siempre.

Constantino V, hijo mayor de León III el Isaurio (717-741) fue iconoclasta. Con ello se granjeó la animadversión de los monjes. Cerró monasterios y confiscó sus propiedades. Los monjes hicieron correr la historia de que se había cagado mientras era bautizado, por eso los cronistas le conocen como Constantino Coprónimo. Murió de muerte natural en 775, en una de sus campañas contra los búlgaros. Por motivos políticos, se casó con una princesa jázara de la que nació su sucesor, León IV el Jázaro, el cual se casó por amor con una hermosa ateniense, cuyo origen discuten los historiadores: Irene.
Irene Basileus

Según algunos, Irene Sarantapechaina, o Irene de Atenas, famosa por su belleza, fue hija de una hilandera; según otros, era de origen noble pero pobre; otros afirman que era hija de una prostituta... El caso es que recibió una esmerada educación, gracias a un pariente sacerdote influyente en la corte.

Irene era una firme aunque secreta iconodula (veneradora de imágenes). Se dice que cuando León IV le pilló venerando iconos renunció a acostarse con ella. Pero Irene no renunció a intrigrar a favor de sus ideas. Por eso posteriormente la hicieron santa, a pesar de que sus acciones no revelan grandes escrúpulos morales, como veremos.

En 780 murió su marido (las malas lenguas hablaron de envenenamiento). Le sucedió en el trono Constantino VI, hijo de Irene y de León, que sólo contaba con diez años. Irene maniobró con la ayuda de dos eunucos para deshacerse de sus cuñados (hermanastros de León IV), ejerció de regente y bregó por restaurar la veneración a los iconos tras medio siglo de dominio iconoclasta. En 787 consiguió convocar un Concilio Ecuménico en Nicea que restauró el culto a las imágenes pero con restricciones. Prohibidas las estatuas, sólo bajorrelieves. Esto destruyó la escultura bizantina, y la rusa, pues Rusia heredó su cultura de Constantinopla.

Como otras veces, el fanatismo religioso fue negativo para la cultura en general. Tras la época de Justiniano, el Imperio Bizantino ya no produjo nada original y ninguno de sus libros tuvo gran difusión. En 750, Juan Damasceno ensaya la conciliación de la teología cristiana con Aristóteles bajo el califato, porque ofrecía por entonces mejores condiciones para la erudición en la temprana Edad Media.
Sólido, moneda bizantina, con la efigie de Irene Emperadora

Cuando Constantino VI quiso poner fin a la regencia, Irene se opuso. Fue desterrada y vuelta a llamar en 792. No tuvo el menor escrúpulo en intrigar contra su hijo. Constantino quiso ser tan honrado que ofendió a todo el mundo divorciándose de María (la esposa que le había impuesto su madre) y casándose con su amante, Teodota. Irene aprovechó el escándalo para apresar a su propio hijo, azotarle y cegarle. Dicen que Constantino murió de las heridas, y que un eclipse de sol mantuvo a Constantinopla en la oscuridad durante semanas. A pesar de estas supuestas señales de enojo divino, Irene se proclamó emperador (basileus), no emperadora (basilissa). Se negó a buscar un hombre de paja al que poder manejar. Eso no le impidió frenar a los sarracenos y hacer la paz con el califa Harum al Raschid (célebre por su papel en los cuentos de las Mil y una Noches), convirtiéndose en la primera emperatriz bizantina.
El emperador Carlomagno, rey de los francos

Esta situación irregular respecto a las tradiciones del imperio romano oriental duró del 797 al 802 y tuvo importantes repercusiones históricas e internacionales. Los reyes francos no reconocían a las mujeres gobernantes. En Occidente gobernaba Carlomagno que consideraba vacante el trono imperial. Fue esto lo que permitió que el papa León III coronara a Carlomagno en el año 800 como emperador romano. Irene montó en cólera; los bizantinos no reconocían el derecho de Papa de Roma a nombrar emperador. El conflicto estaba servido.

Sin embargo, Carlomagno no tenía especiales ganas de guerrear contra el Imperio Bizantino, al que sabía muy superior económica, cultural y militarmente. Era consciente del atraso de Occidente frente a Constantinopla. Sus arquitectos imitaron en Aquisgrán el arte de Bizancio. Así que hubo quien propuso un matrimonio que reunificase el imperio, un matrimonio entre un sesentón, Carlomagno, y una cincuentona, Irene...

Ábside de la iglesia de la Santa Paz
con una cruz iconoclasta (Estambul)
Según el cronista Teófanes, los planes de matrimonio fueron frustrados por uno de los favoritos de la emperatriz.

Lo cierto es que la popularidad de Irene menguó. En el 802, los generales conspiraron con éxito contra ella, la apresaron y la encerraron en un convento de la isla de Lesbos. Coronaron emperador a su honrado tesorero, Nicéforo I.

En 803, Nicéforo y Carlomagno firmaron la paz que dejaba formalmente el sur de Italia y la costa Iliria en manos de Bizancio. También Venecia quedó en poder de los bizantinos. Pero a la muerte de Nicéforo, su yerno, Miguel I, débil y dominado por los monjes, acabaría reconociendo la validez del título de emperador a Carlomagno, con la esperanza de que los francos le aliviaran de la presión que sobre el imperio ejercían los búlgaros. No pudieron hacer nada porque a la muerte de Carlomagno, el Imperio Franco se sumergió en una guerra civil, haciéndose pedazos.

Con el tiempo, Miguel II el Tartamudo (820-829) intentó reforzar su posición con un acto simbólico. Tras la muerte de su mujer, hizo salir de un monasterio a Eufrosina, hija de Constantino VI, el emperador que fue cegado por su madre Irene la Ateniense treinta años antes. Se casó con ella y de este modo se alió con la dinastía Isauria.

Los iconodulos no acabaron por imponerse hasta el 843. Entonces la iconoclastia desapareció de la escena histórica, tras siglo y cuarto de existencia.

martes, 27 de mayo de 2014

Estambul / 4. Guerreros y místicos


Hemos cogido el tranvía y un funicular para llegar desde el barrio del hotel hasta el norte de Beyoglu.  Cae una ligera llovizna y en la plaza Taksim, escenario de encendidas protestas hace unos días, hay un par de puestos de flores aburridos a cargo de dos señoras sentadas que cubren su cabeza con un pañuelo de colores.

Nos acercamos al monumento a la Independencia, completado en 1928. Retrata a Mustafa Kemal Atatürk (1881-1938) con políticos contemporáneos.

Durante el XIX y XX las guerras con rusos y austriacos fueron comiendo terreno al Imperio Otomano, en favor de Grecia, Serbia, Bulgaria... En la I Guerra Mundial, los turcos jugaron fuerte en el bando de los perdedores. En 1915, las fuerzas aliadas quisieron tomar Estambul desembarcando en la península de Galípoli. Como indica el mapita de abajo, someterían Turquía y abrirían una nueva ruta de abastecimiento para Rusia (potencia aliada). Pero los turcos aguantaron a ingleses, franceses, australianos y neozelandeses. La batalla duró tres días y murieron en ella 28.000 hombres. Los ingleses mandaron refuerzos a la que ellos llaman "batalla de los Dardanelos", pero no sirvieron más que para ampliar la matanza a un total de medio millón de muertos entre turcos y aliados. La península se llenó de basura militar.

El plan de las potencias aliadas
En 1906, un joven militar, Mustafá Kemal, había fundado una sociedad secreta, Vatan ve Hürriyet ("Patria y Libertad"), con un par de amigos. Querían la revolución y transformación del Imperio Otomano en una nación moderna inspirada en la Revolución Francesa. 

En 1908 los conocidos como Jóvenes Turcos (Comité de Unión y Progreso) fomentaron  una revolución para proclamar la monarquía constitucional (Mesrutiyet). Poco después, Mustafá Kemal fue destinado a Trípoli para defender la última colonia otomana que quedaba en el norte de África.

En Salónica tomó parte en 1909 en el II Congreso del Comité Unión y Progreso. Allí sugirió que el Comité se convirtiera en un partido político, que el ejército se mantuviera al margen de la política, que se impusiera el principio de igualdad y se estableciera una distinción entre religión y política. En Galípoli comenzaría a labrar su merecida fama de héroe nacional y padre de la patria turca. En 1917-1918 luchó en el Cáucaso contra los rusos. Hasta el XVIII, hasta los tiempos de Catalina la Grande, el Mar Negro era un lago turco. Kemal se volvió cada vez más crítico con la incompetencia del sultanato y con el control que el Imperio alemán ejercía sobre el sultán. 

Cuando los turcos capitularon en 1918, Kemal lideraba la facción que favorecía la política de defender los territorios turcoparlantes del Imperio, aceptando al mismo tiempo la retirada de todos los territorios no turcos. El Armisticio de Mudros reconocía a la Triple Alianza de los vencedores la ocupación de cualquier punto estratégico del territorio otomano que “pusiera en peligro su seguridad”. Los ingleses ocuparon Mosul; los franceses, un puñado de ciudades de Anatolia Meridional; y los italianos, Antalya, en 1919. La presencia militar extranjera se hacía sensible en toda Turquía. El sentimiento nacionalista turco se exacerbó con la ocupación griega de Izmir (Esmirna).  Mustafá Kemal decidió entonces marchar a Anatolia. Desembarcó en Samsun, en el Mar Negro oriental, y organizó un movimiento de resistencia que marca el comienzo de la Guerra de Independencia Turca

En 1920, las potencias vencedoras ocuparon Constantinopla. Las distintas facciones turcas no se pusieron de acuerdo hasta un gran Pacto Nacional (Misaki Milli). Por ese pacto se renunció a la dominación de las provincias no turcas, pidiéndose en cambio la total e incondicional independencia de todas las áreas habitadas por turcos. En abril de 1920, el Parlamento Provisional que estaba establecido en Ankara ofreció a Kemal el cargo de Presidente de la Asamblea Nacional, y el 19 de agosto rechazó el Tratado de Sèvres firmado por el sultán y declaró traidores a la dinastía otomana y al Consejo Otomano.

Como jefe de las fuerzas armadas turcas, Mustafa Kemal preparó la Guerra de Liberación Nacional, aprovechando todos los poderes de que disponía (militar, ejecutivo, legislativo y judicial) y haciendo que en la resistencia bélica contra el reparto de Anatolia participara toda la población, hasta mujeres y niños. De este modo creó una nueva conciencia nacional. En la batalla de Sakarya, que duró más de veinte días y ganaron los turcos, Kemal resultó herido.

Historia del Orient Express.
En la actualidad, no acaba en Estambul, sino en Viena.

La Gran Asamblea le hizo mariscal con el título de Gazi (vencedor). Entonces Gazi Mustafa Kemal, orientó muy hábilmente su actividad hacia la política exterior. El 13 de octubre de 1921, la Gran Asamblea firmó un tratado de amistad con las repúblicas soviéticas de Armenia, Georgia y Azerbaiyán. Las tropas francesas se retiraron del territorio turco. El último sultán turco, Mehmet VI, marchó al exilio y en Lausana (Suiza) se firmo un Tratado de paz.  Once meses después se proclamó la República turca, con Kemal como presidente.

Se comprende así que el régimen democrático de la Turquía actual está tutelado en la sombra por el ejército, garante, sobre todo, de la laicidad moderna de la república. En la II Guerra Mundial, Turquía se mantuvo neutral, pero hizo de tapón para impedir el acceso de las fuerzas del Eje al petróleo de Oriente Medio. Turquía es puente y frontera entre Occidente y Oriente. Forma parte de la OTAN desde 1952. Las Fuerzas Armadas de Turquía (FAT), con más de un millón de soldados, muy modernas y operativas, constituyen la segunda mayor fuerza militar de la OTAN, después de EEUU. Hay quien piensa que la integración de la FAT en la estructura militar de la Unión Europea es lo que permitiría a esta jugar a la política internacional como una verdadera superpotencia global. 

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Beyoglu, al norte de El Cuerno de Oro, es el barrio de los extranjeros. Paseando por sus calles uno podría pensar fácilmente que está en París o en Viena. Los primeros que llegaron a esta colina fueron los genoveses, competidores comerciales de los venecianos. Se les entregó la zona de Gálata, al sur del barrio, que ahora domina la famosa torre, en agradecimiento por su ayuda en la reconquista de la ciudad de manos de los latinos en 1261. 

Me interesó saber que muchos sefarditas se asentaron aquí tras ser expulsados de España, también árabes, griegos y armenios. Es el barrio de las embajadas, de los cines, con una gran actividad comercial.

En el mercado de Galatasaray se vende principalmente pescado fresco. En la calle Istiklal, peatonal, que le sirve de eje al barrio, el turista puede montarse en un tranvía nostálgico. Antiguamente fue conocida como la Grand Rue de Pera. Los edificios de las antiguas embajadas se emplean ahora como consulados, después del traslado de la capital a Ankara en 1923. Las iglesias que quedan son meras reminiscencias con escasos feligreses. La inmensa mayoría de los habitantes de Estambul son musulmanes (99%) sunitas (74%). 

Entramos en una iglesia armenia, al sur de la plaza Taksim. Y nos sorprendió la belleza del rito, toda su liturgia cantada. Los fieles se santiguan e inclinan constantemente. La música me recordó mucho a la del gregoriano.

Linternas del salón de baile del Pera Palas

Mereció la pena pagar seis euros por un té en el bar oriental del Hotel Pera Palas. Lujo sin excentricidades. En este hotel legendario hallaban cómoda estancia los más ilustres pasajeros del Orient Express. Entre ellos: Mata Hari, Greta Garbo, Jackie Onassis, Sarah Bernhardt o Agatha Christie, cuya habitación 411 se puede visitar previa petición. Desde su terraza exterior se disfruta una excelente vista de El Cuerno de Oro.
 


En una librería de Istiklâl me satisfizo hallar una obra de Umberto Eco traducida al turco. Luego me arrepentí de no haberla adquirido como recuerdo y desafío. También vendían bonitos cuadernos de anotaciones. En una trasversal se halla una estrecha galería cubierta. Una señora turca, muy morena y de ojos saltones, nos dio la bienvenida en castellano. En sus tiendas se pueden encontrar los objetos más bizarros, hasta llaveros del Barça y sorprendentes objetos de anticuario.

A pocos pasos de allí, las guías recomiendan una visita al monasterio Mevlevi, que es también un museo de esta secta sufí. El sufismo es una secta mística y sunita del Islam. El nombre proviene del árabe suf, lana, por los ásperos y pobres vestidos que vestían los sufíes. Aspiran a alcanzar una experiencia divina, entrando en éxtasis por medio de la poesía, la música y la danza. Por eso los derviches danzantes giran vehementemente con sus grandes faldones en un baile ritual (semá) al son de una música monótona. 

Atatürk prohibió el sufismo en 1924, pero los sufíes han conservado su monasterio como Museo de la Literatura del Diván (poesía clásica otomana). El más grande de los maestros sufíes fue Mevlana Jelaleddin Rumi, un persa nacido en un pueblo del actual Afganistán y que murió en Konya, al sur de Anatolia central, en 1273. Mevlana o Mavlânâ significa "nuestro líder" o "nuestro señor"; y Rumí, "originario de la Anatolia romana". Su influencia ha sido muy amplia en la literatura persa, turca y urdú (lengua nacional de la élite musulmana de Pakistán, hermana del hindí, pero que presume de otro origen porque se escribe en alfabeto persa). 

A los derviches giróvagos de Mevlevi se han incorporado en la actualidad mujeres. 

La estampa que sirve de colofón a esta entrada la compré por menos de cinco euros, tras ligero regateo con un antipático vendedor, en el gran Bazar de Estambul, al otro lado del puente Gálata. Me arrepiento de no haber comprado otra más bella en que un increíble y estilizado caligrama se convertía en derviche giróvago con un par de trazos añadidos muy hábilmente por el artista calígrafo, también en papel pergamino, por ella me pedían, con cara de pocos amigos, más del doble...



lunes, 26 de mayo de 2014

Estambul / 3. Fuego griego y déesis cristiana.


En 717, León III fue proclamado emperador. Los árabes volvieron a poner cerco a Constantinopla. El "fuego griego" volvió a hacer de las suyas. El califa Solimán murió inesperadamente a principios del sitio. Durante el invierno de ese año, nevó muchísimo e hizo un frío extraordinario. Manadas de caballos y camellos murieron y los soldados árabes sufieron atrozmente. En el 718, lo que quedaba del ejército de la media luna se retiró. Sólo cinco barcos, de una flota original de ochocientos, volvieron a puerto.

Nunca más los árabes volverían a poner en jaque a Constantinopla, sin embargo el Islam acabaría por rendirla, pero no bajo la dirección árabe, sino bajo el empuje turco, otomano. Pero para entonces, la civilización europea occidental ya se había vuelto lo suficientemente fuerte como para salvarse por su cuenta. El escudo frente al poder otomano sería sobre todo la flota de Felipe II de las Españas, y el acontecimiento decisivo, la batalla de Lepanto (1571).

Mosaico de la déesis de Santa Sofía
En el suelo, frente a él, se halla la tumba de Enrico Dandolo,
Dux de Venecia que saqueó Constantinopla en 1204.
¿Por qué Constantino, fundador de la ciudad y emperador desde 306 al 337, se hizo cristiano? ¿La mayoría de sus soldados lo eran? ¿Influencia de su madre? En su tiempo, los cristianos estaban -como hoy- divididos en multitud de sectas. Cada una de ellas consideraba heréticas a las otras. En la Roma pagana él era, como emperador, Pontifex Maximus, cabeza de la religión oficial del Estado. Todas las sectas apelaron al emperador, cada una de ellas esperaba convencerle de su ortodoxia. Por esta razón, todas se doblegaron ante la idea de que el emperador fuera cabeza de la Iglesia, este "cesaropapismo" (el mismo hombre, César y Papa) duraría mil años.

Exterior de Hagia Sophia

Tal vez Olof Gigon tenga razón: el cristianismo se distingue de otros cultos de la Antigüedad porque parte de un determinado acontecimiento histórico que, interpretado en clave religiosa y simbólica, permite dar sentido a toda la historia humana como soteriología, como historia de salvacióni. Roma ofrecía en sentido profano algo análogo, por la creencia en la perdurabilidad histórica de su Imperio. Frente a una única fe verdadera, un único imperio definitivo. Frente a un Dios, un Emperador. Y a cada uno lo suyo, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

"El cristianismo se encontró con que podía dar una fundamentación teológica cristiana a la creencia en la perdurabilidad del Imperio. Y quedó con ello abierta la posibilidad de que las relaciones entre ambos poderes definitivos pudiesen evolucionar de la hostilidad a la colaboración, como de hecho ha sucedido desde la época constantiniana". O. Gigon. La cultura antigua y el cristianismo, Gredos, Madrid, 1970.
Interior de Hagia Sofia

La teología cristiana se había desarrollado sobre todo en Alejandría (la más importante ciudad del Egipto griego, ptolemaico), fundada por Alejandro el Grande, el discípulo de Aristóteles. Allí mandaban en la fe Arrio y Atanasio, por lo que sus fieles se llamaban arrianos y atanasianos. Los arrianos creían que Dios era supremo y que Jesús, aún el más grande de todos sus criaturas, eras inferior a Dios. Los atanasianos creían que las tres personas, Dios, Jesús y el Espíritu Santo, no eran sino aspectos diferentes de la Trinidad. Constantino I convocó el primer concilio de obispos, el de Nicea (325) para resolver esta disputa. El concilio se decidió a favor de Atanasio y la Trinidad. Tal doctrina se convirtió en la de toda la Iglesia, o sea, en la "católica" (en griego, este adjetivo significa "entera", "universal"). No obstante, los arrianos no abandonaron sus tesis de la supremacía del Padre, y se enfrentarían a los católicos durante varios siglos. Los visigodos, al invadir Hispania, eran ya arrianos.

En 341 se prohibieron en el Imperio los sacrificios paganos y en el 353 se cerraron los templos. Bajo el emperador Teodosio I, los paganos se vieron privados de todos sus derechos civiles. Así que los cristianos, de perseguidos se convirtieron en perseguidores. El cristianismo se convirtió en religión oficial del Estado y el paganismo se marchitó lentamente.
Interior de Santa Irene (VI),
con una impresionante cruz iconoclasta
de mosaico en su ábside

Elena, la madre de Constantino, daba por descubierta la Vera Cruz, el madero de la crucifixión de Jesús, así como los clavos, la corona de espinas, la esponja del vinagre que mojó sus labios mientras agonizaba, y hasta la lanza que traspaso su costado. Todas estas reliquias, junto con el manto de la Virgen, fueron llevadas a Constantinopla. A finales del V, cantidades ingentes de reliquias marianas llenaban sus iglesias y monasterios, que se hicieron ricos y poderosos. Hasta que León III el Isaurio, emperador hasta su muerte en 741, creyó que los iconos eran idolátricos y perversos. Puede que a ello contribuyera que los monjes eran un contrapoder gracias a la explotación comercial de los iconos. Además, estaban exentos del servicio militar y de pagar impuestos.

En 726 se publicó el primer decreto iconoclasta (los "iconoclastas" son los "rompedores de iconos"). La iconoclastia provocó la reacción de aquellos que no consideraban que adoraran imágenes sino que simplemente las veneraban ("iconodulos"), entre ellos estaban los monjes que pretendían convencer al pueblo de que destruir una imagen de Jesús o de María era una blasfemia terrible. En 723, el califato de Damasco había decretado la destrucción de todos los iconos en las iglesias cristianas situadas en sus dominios. Por tanto, lo que hacía León III parecía también una herejía islámica. Miles de refugiados iconodulos, junto con sus imágenes, huyeron al sur de Italia. El Papa de Roma no estaba dispuesto a ceder frente a la iconoclastia y León se desprestigió en Occidente. Gregorio III le excomulgó. Y sin embargo, su reinado, el del primer emperador de la dinastía "isauria", fue un éxito geopolítico y cultural. Reorganizó el código de Justiniano en el sentido de una mayor humanidad y benevolencia en los castigos. Sustituyó la ejecución penal por mutilaciones. Puritano, abolió el concubinato y dificultó el divorcio.

Las iglesias de Constantinopla, así como sus palacios, brillaban en tiempos de Justiniano (siglo VI) con el fulgor de los mosaicos bizantinos.


El de arriba, en el Vestíbulo de los Guerreros de Hagia Sofia, aparece María, sentada en un trono con el Niño Jesús en brazos, flanqueada por los dos grandes emperadores de la ciudad. Constantino, a la derecha, le regala la ciudad de Constantinopla y Justiniano le ofrece Santa Sofía. El mosaico se realizó después de la muerte de los emperadores, puede que en el siglo X, durante el reinado de Basilio II.


Arriba, maravilloso detalle de la La Déesis (en griego, δέησις), "plegaria" o "súplica" de Santa Sofía. Se trata de una iconografía de Cristo entronizado, en Majestad (Pantocrátor), llevando un libro y flanqueado por la Virgen María y San Juan Bautista, acompañado a veces por ángeles y santos.

La belleza de este icono me produjo ese escalofrío en la espalda que para mí es síntoma del síndrome de Stendhal. Es verdad que la luz parece proceder de dentro de las teselas de cristal. La seriedad del gesto de Jesús y su gesto de bendición me conmovieron profundamente, a pesar del tumulto que se agolpaba delante de turistas-fotógrafos.

viernes, 23 de mayo de 2014

Estambul / 2. Imperio romano de oriente

Muy cerca del obelisco egipcio, salimos del taxi. Queremos aprovechar el tiempo para no hacer largas colas y acceder lo antes posible al palacio de Topkapi. Nada más salir del vehículo, nos invitan a comprar guías turísticas de Estambul en español. Nos hemos preguntado varias veces cómo descubren tan rápido que somos españoles... Tal vez por lo que hablamos, por como andamos... Las mujeres del grupo rechazan las guías. Y los vendedores aciertan a decir "¡mujeres mandonas!". Otros españoles antes que nosotros les habrán reído la gracia y accedido a comprar la guía, y el dicho se ha convertido en un hábito, en un truco de venta para buscarse la vida...

El obelisco egipcio se construyó, aunque parezca increíble, en el 1500 antes de Cristo. Se levantaba a las afueras de Luxor, junto a las pirámides, hasta que Constantino I el Grande, emperador romano desde el 306 al 337 lo hizo traer a la ciudad. En la actualidad está roto y probablemente sólo es un tercio de su altura original. La base en la que se apoya es del siglo IV. En ella se ve a Teodosio I, que dividió el imperio entre sus dos hijos, Honorio y Arcadio, antes de que el lado latino, occidental, cayese en manos de los bárbaros.


En el siglo VI, el emperador Justiniano, compilador del famoso código jurídico, sobornó a dos monjes persas, que habían vivido en China, para que volvieran allí y regresaran con huevos de gusanos de seda escondidos en el hueco de unas cañas de bambú. Alrededor del 550, Constantinopla comenzó su propia producción de seda, de aquellos gusanos descienden todas las mariposas que han tejido su capullo de seda en Europa, hasta los tiempos modernos. Los musulmanes de Al-andalus exportaban la seda que se producía en nuestra península, sobre todo por el puerto de Almería hacia los importantes mercados orientales, cuando grandes bosques de moreras rivalizaban aquí con encinas, pinos y olivos.

Nudo de carreteras en el moderno Estambul
Desde Constantinopla, y luego desde Estambul, partía la famosa Ruta de la seda que anduvo Marco Polo a fines del XIII, adentrándose en la Capadocia. Estambul ha seguido siendo el puente entre Europa y Asia, como lo fue la Constantinopla romana y mucho antes Bizancio, fundación griega (hacia 657 a. C.). De ahí su importancia comercial, pues puede fácilmente abarcar ambos mercados, el occidental y el oriental. Esto lo supieron muy bien tanto los venecianos como los genoveses, que tan importante papel jugaron en la historia de la ciudad. Tampoco es desdeñable el consumo interno de una ciudad con más de quince millones de habitantes y una nación (Turquía) con casi setenta y tres.

Estambul es turca por derecho de conquista, pero no de fundación. Durante más de mil años, poderosas murallas defendieron Constantinopla de la barbarie. Dentro de aquellos muros se conservó la mayor parte de la cultura antigua, valiosas obras de arte, impagables pergaminos y códices científicos, hasta que la invención del cañón a principios de nuestra edad moderna (la pólvora procedía de China) hizo inútiles aquellos vastos muros.

En 626, por poner un ejemplo, unos 80.000 ávaros y eslavos llegaron hasta las murallas de Constantinopla para asaltar la ciudad. El patriarca Sergio organizó la defensa con tranquilidad. Las naves trajeron los abastecimientos necesarios, y los ávaros conscientes de que fracasarían empezaron una lenta y sombría retirada. En el 630, tres siglos después de la fundación de Constantinopla (la "segunda Roma"), el imperio se mantenía en pie. Ya habían pasado ciento cincuenta años desde la caída de la parte occidental del Imperio Romano, la parte oriental seguía intacta bajo un poder ininterrumpido desde los días de Augusto. En esos tiempos todas las islas del Mediterráneo eran bizantinas y una buena porción de la propia Italia. Al sur de su bota, todavía existen pueblecitos perdidos en los que se habla griego.

Tampoco los árabes consiguieron nada. En el 637 se apoderaron de Jerusalén, y en 642 rindieron Alejandría, donde se perdió lo que había dejado el fanatismo cristiano de su legendaria biblioteca. Siria y Egipto cayeron para siempre. Fue por entonces cuando, al finalizar el reinado de Heraclio, el Imperio Bizantino se fue convirtiendo en lo que los occidentales de finales de la Edad Media llamarían el Imperio Griego. De hecho, bajo el gobierno de Heraclio, el latín dejó de ser por fin el idioma oficial de la corte y del derecho y las leyes empezaron a promulgarse en griego, unificándose la religión, el idioma y el pensamiento. Las barbas volvieron a ponerse de moda. Para el barbudo oriental, el occidental llegó a parecer un eunuco. Para el afeitado occidental, el oriental se asemejaba a un bárbaro. Un elemento más para la suspicacia mutua.

El Islam, construido con jirones teológicos de judaísmo y cristianismo, rendía cuidadoso homenaje a Jesús y María, aunque no aceptaba la divinidad de aquél. Los cristianos de Siria y Egipto aceptaron con facilidad el Islam. Los cristianos tenían que pagar un impuesto especial en territorio islámico y además estaban excluidos de la administración del Estado. Sus idiomas nativos retrocedieron frente al árabe, la lengua santa del Corán. Cada provincia conquistada se convirtió en un eslabón más de la maquinaria islámica de guerra. En el momento de la subida al trono de Constantino IV, los ejércitos islámicos amenazaban en el actual Túnez a la misma Cartago, ultimo bastión del poder "romano" en la costa africana. En el 669 los árabes invadieron Sicilia. La población berberisca de África del Norte se islamizó y se unió también a los ejércitos árabes. Por el este, desde Persia, el Islam penetró también hacia el centro de Asia.
Alminar o minarete de la mezquita de Soleimán

En el 673, los árabes se atrevieron a sitiar Constantinopla. Si hubiera caído, probablemente Europa sería ya islámica. Asimov afirma que en el VII y el VIII (antes de Carlomagno) no existía poder tan grande en Europa que hubiera podido detenerlos. La Constantinopla acorralada no sólo se defendió a sí misma, sino a toda la cristiandad. La clave estuvo en un arma secreta, inventada por Calínico, un alquimista de Egipto o Siria: el "fuego griego" con el que los bizantinos quemaron las naves árabes. Se trataba de una sustancia que producía una llama que desafiaba el agua. Toda la flota árabe acabó destruida al sur del Asia Menor. Fue la primera gran derrota que los árabes sufrieron después de medio siglo de constantes victorias. Desde entonces, durante cuatro siglos largos, Constantinopla y su bases militares en Asia Menor fueron el escudo de la Europa cristiana contra la amenaza islámica. De todos modos, en el 698, Cartago cayó, y con esta ciudad todo el norte de África, desde el mar Rojo hasta el océano Atlántico, se islamizó, hasta hoy. Como sabemos, en el 711, una partida avanzada de berberiscos islámicos entró en Hispania y, en poco tiempo, ocupó casi todo el país.